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EL CANDIDATO
martes, mayo 11, 2021
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Ciudad sitiada

Sociedad sitiada (Bs. As.: FCE, 2013) es el título de un libro escrito por Zygmunt Bauman (1925-2017), una interesante obra que vale la pena repasar en esta cuarentena decretada en Paraguay por el Gobierno Nacional -y en muchos otros países- para prevenir la propagación del coronavirus. “La ciudad está agotada”, dice el pensador polaco.

Como consecuencia de la aplicación de medidas de seguridad para contrarrestar la aglomeración de personas y así impedir el contagio viral, se suspendieron las funciones de cine y teatro, entre otros espectáculos artísticos. También, el fútbol que es otro gran producto de entretenimiento. Mucha gente quedó molesta. No obstante, la medida es acertada. Sólo que no hay mucha alternativa desde la mirada Baumaniana.

Para Bauman está situación -cierta, real, actual- comparativamente es sintomática de la situación de nuestro mundo. Explica que no hay otro mundo, no hay otro teatro, no hay otro cine, no hay otro estadio a donde ir. No hay entradas, y tenemos que conformarnos con esta realidad. No hay espacio, fuera de este mundo, en donde refugiarnos, donde evitar el riesgo.  “Cualquier similitud con la expresión entradas agotadas es puramente fortuita, una ficción que la sintaxis insinúa”, dice el filósofo.

La expansión del coronavirus humano en su faceta COVID-19 nos obligó a quedarnos en casa como único refugio, cerramos las puertas domésticas, cerramos las fronteras  territoriales, contradictoriamente cuando la globalización camina en sentido diferente. Un contrasentido aparente, no obstante, que para Bauman es muy lógico. En esta mundialización vivimos más cerca que nunca el uno del otro.  El desastre de Chernobyl enseñó a Europa que causas locales tienen secuelas globales. La pandemia del virus coronado pone en relieve esta misma interconexión. Para Bauman, estos casos pueden ser ejemplo de la fragilidad y la vulnerabilidad universal. 

Claramente el ensayista de origen judío describe, en su libro Society under siege (original en inglés), que  mucha gente siente que el modelo está agotado, acabado. Pero no encuentra islas de escapatoria.  Esta atrapada en un estado-nación que no acabo de construirse. Es más, siente que nadie puede hacer nada efectivo. Nadie controla nada y “ni siquiera puede ser controlado”, acota. “Ni la providencia divina, ni la astucia de la razón, ni la mano invisible pueden inyectar lógica en el sinsentido aparente, ni asegurar un final feliz para la sucesión de catástrofes que parecen no tener fin”, escribe.

Cabe aclara que a Bauman le caracteriza no su escepticismo hacia la globalización sino su confianza en la humanidad. “Una respuesta efectiva de globalización sólo puede ser global”, sostiene. Esta semana, el diario El País de España -dónde los índices de contagio por coronavirus es alarmante- insertó un artículo de Moisés Naim con un acápite simbólico: Todos somos vecinos. Se entiende que este enclaustramiento obligado nos ha hecho redescubrir quiénes son solidarios y quiénes no. Léanlo. En una España que ha crecido sobre la cresta de la globalización, el mensaje del periodista que procede de Venezuela es revolucionario.

Los escritos de Immanuel Kant (1724-1804) también fueron rebeldes. Nadie los entendió en su tiempo. Bauman recupera en esta ocasión el fatum, el destino imborrable de la historia de la humanidad de Kant quien advirtió que tarde o temprano no habrá espacio vacío, por lo que cabe sólo la ética de la hospitalidad. “Esto sólo significa que en ninguna otra época la búsqueda activa de la humanidad común, junto con la práctica que ello implica, ha sido tan urgente e imperiosa como lo es ahora”, sostiene Bauman. 

Quédense en casa y hagan un favor al mundo, diría en vida el intelectual de Polonia que recibió el Premio Príncipe de Austurias de Comunicación y Humanidades en 2010. “El único acuerdo posible en este mundo agotado es la reconciliación de la humanidad con su propia e incorregible diversidad”, indica. “Esta parece ser la única certeza: todo el resto sería cuestión de nuestra común inventiva y de nuestra práctica política basada en el ensayo y el error”, concluye Zymunt Bauman.

 

(*) Doctor en Educación Superior, docente y comunicador

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Expertos en Historias urbanas.

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