En todo el mundo, cuando las cosas marchan mal, surge la necesidad casi instantánea
de encontrar un culpable. Los chivos expiatorios se convierten entonces en víctimas
perfectas que, muchas veces sin justificación y de manera irracional, cargan con la
responsabilidad colectiva del error. En la política, este mecanismo no solo evita asumir
desastres reales, sino que impide el avance hacia soluciones posibles.
A lo largo de la historia, varios líderes han usado esta estrategia para desviar la
atención de sus propios fracasos y casos de corrupción. Para ello, les es suficiente
con crear enemigos visibles y fácilmente identificables, logrando así mantener cierto
apoyo popular guiado tanto por el miedo como por el resentimiento. En vez de resolver
los verdaderos problemas, se enfocan en señalar a individuos o grupos como los
causantes de todos los grandes males por los que la sociedad atraviesa.
En la actualidad, este hecho sigue vigente. Somos testigos de gobiernos que culpan a
cierto sector por ser responsables de crisis económicas, políticos que necesitan que
sus rivales en la oposición o en el oficialismo sean vistos como seres peores que
demonios. El uso y abuso de los chivos expiatorios hace un gran daño a la
democracia, llegando a empobrecer el debate público. Abiertamente, se busca la
polarización de la sociedad, alterando la imagen de la realidad.
Lo peor del caso es que, gracias a las redes sociales y a los medios sensacionalistas,
la actividad de buscar innombrables que temer, únicamente se ha intensificado. Es
como si la viralidad premiara instantáneamente el conflicto, gracias a los algoritmos.
Así solo se genera una mala costumbre de ataques mediáticos que, al final, poco o
nada aporta al análisis serio y responsable de los casos a evaluar.
Un gran remedio para este gran mal es fomentar una sociedad con ciudadanos críticos
que no acepten fácilmente cualquier explicación simplista por parte de las autoridades
e instituciones gubernamentales. Solo buscando el verdadero origen de los problemas
con responsabilidad y madurez, es que se podrá construir una realidad más justa y
menos violenta.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
