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Editorial

Chanchos de un mismo chiquero

La máquina de absolver actuó con disciplina y obediencia

La máquina de absolver funcionó una vez más. Los diputados, disciplinadamente alineados “por orden superior”, acudieron a salvar a la correligionaria en apuros.

Y cuando hablamos de “correligionaria” no nos referimos precisamente a la camaradería ideológica o partidaria sino a aquella magistral definición acuñada por un sabio filósofo del liberalismo radical contemporáneo: chanchos de un mismo chiquero. Porque de eso se trata, cerdos rescatando a cerdos.

La sesión de ayer de la Cámara de Diputados fue, como en otras ocasiones, un festival de paparruchadas y desatinos dignos de la corporación. Se difundieron videos que eran verdaderos revoltijos de escenas y audios sin sentido alguno, se escucharon invocaciones religiosas, auto felicitaciones, citas históricas sin conexión alguna con el tema tratado, lectura de composiciones escolares sacadas del Facbook, alegatos jurisprudenciales y desbarranques por el estilo que sólo agregaron demora a una votación que ya estaba cantada antes de empezar la sesión plenaria.

Por una amplia mayoría de 58 votos contra 18, la cámara baja salvó a la fiscal general del Estado de un juicio político. Los honorables deberán recordar en adelante lo que hicieron porque no se trata de un hecho cualquiera el que ayudaron a tapar con tierra, o con barro siguiendo el docto principio enunciado por Yoyito Franco sobre cierto chiquero y ciertos chanchos.

Lo que la fiscala general hizo, violando las normas de cuarentena, fue sacar del aislamiento a un ciudadano llegado del exterior, mandarlo a su casa sin vigilancia y exponer a quienes se le cruzaran en el camino a un potencial contagio con el virus más letal de las últimas décadas.

Leguleyos de espinazo flexible, fungiendo de parlamentarios, se ocuparon del trabajo sucio: sostener la especie de que la orden de la fiscala general no existió, que todo fue un invento y que no hay pruebas que sustenten la acusación. Nadie se animó a sostener que con sólo secuestrar unos pocos celulares y pedir sus extractos de llamadas, la evidencia saltaría de inmediato.

Pero como no hay vocación por la verdad sino un infecto compromiso con la corrupción, el mal desempeño quedará impune y un cargo central por su importancia, en manos de los poderes de
facto que lo titiritean.

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Escrito por

Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, Lorena Barreto, Luz González, Jacqueline Torres, Patricia Galeano, Magalí Fleitas, Victor Ortiz, David Chamorro, Mary López, Jhojanni Fiorini, Juan Martínez, Felipe Dominguez, Fabrizio Meza.

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