Lo votamos. Ahora, traguemos el sapo
El honorable senador Rafael Esquivel recibió en las urnas el mandato transferido por 51.397 ciudadanos que lo eligieron para el cargo. Deberá honrarlo so pena de ser demandado por Dios y la Patria. Pero por el momento, el honorable está en una suerte de limbo. Recibió el certificado que lo avala como miembro del Poder Legislativo de la República pero su cámara de servicio le está dando vueltas a la prestación del juramento o promesa a que lo obliga el protocolo. Las razones de esta negativa rebotan de un lado a otro pero sin dejar otra cosa que una nebulosa interpretativa que confunde.
El sistema electoral padece agujeros difíciles de entender para el ciudadano común que no comprende ciertas contradicciones. Por ejemplo, aquello de que cualquier ciudadano está habilitado para aspirar a ...
