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Bajar impuestos para recaudar más

La prestidigitación social montada en el escenario frecuentemente llamado imaginario popular, se ha instalado la madre de los trucos del ilusionismo político, “presentar el aumento de la recaudación impositiva como un logro positivo”. Los impuestos, como su nombre lo dice, son una imposición y son pagados por obligación y nunca a conformidad del ciudadano obligado. Goza de la misma naturaleza de las canonjías establecidas por el crimen organizado en mafias y carteles, pandillas o guerrillas con territorios sometidos.

Las mafias por vía de la fuerza y la violencia logran imponerse en un determinado territorio y solo eliminan a aquellos que cuestionan su autoridad, y lejos de sembrar el terror establecen una paz imperial que permita a sus dominados con su trabajo, producción y comercio crear los recursos de los cuales buscan servirse, de allí el interés de que no venga otra mafia a saquearlos. Históricamente este ha sido el método por el cual algunos seres humanos sometieron a otros y con el transcurso del tiempo estas mafias no trasmutaron sus métodos, pero sí las denominaciones de sus actos, con lo que lograron cambiar la percepción de la realidad, hoy ya no se llaman mafias, se llaman Estados; ya no son saqueos, son impuestos; ya no te amenazan con matarte si no les pagas, te llevan preso por faltar al deber patriótico; ya no cuidan que otra mafia no te saquee, te dan “seguridad”; no eres el dominado, eres el “contribuyente”, esta palabra es tan irónica que suena como cuando el violador le llama mi novia a su víctima. Esta es la real historia de la formación de los Estados y no la ingenua teorización del contrato social.

Los impuestos son un costo a la actividad económica de las personas y como tal, lejos de favorecer clima de negocios actúan directamente en contra. Orondamente los políticos presentan con orgullo el record alcanzado por el botín en cada mes! Como si no se tratara de la cantidad de recursos que logró extraer de sus ciudadanos por medio de la incautación.

Existen falacias como la que dicen que si los impuestos se reflejan en servicios públicos de calidad la gente paga con gusto, sin embargo no existe en ningún país del mundo, ni registro en la historia donde la oficina de impuestos sea de recaudación voluntaria. A la hora de justificar el expolio usan las causas más emocionalmente nobles, como la educación y la salud públicas, que sumados ambos no llegan al 18% del presupuesto general de la nación, nunca te dicen que es para pagar los 30 millones de salario de la secretaria de la primera dama, o el viaje religioso de la frondosa delegación presidencial a Roma para recibir la bendición del Papa.

Por su naturaleza extractiva, los impuestos del Estado con respecto a su pueblo son una relación huésped parásito / anfitrión y en la misma lógica de la biología, cuando el parásito crece más que el anfitrión este termina por matarlo.

Esta noción es bien estudiada en las ciencias económicas como el óptimo de Laffer o el precio óptimo de monopolio. Laffer demostró que si los impuestos son muy altos estos corroen su misma base impositiva, o sea la socavando la misma actividad económica, haciendo que la recaudación fiscal cayera, por lo que bajando los impuestos el fisco recaudaría más, esta teoría tuvo su primer gran éxito con las reformas de Reagan en los 80s, sucedido por varios ejemplos hasta la última reducción de impuestos del Donald Trump.

Cada vez que la Aduana o la Subsecretaría de Tributación presenten sus logros de recaudación sepan que todos esos recursos fueron arrancados de la gente y que si quedaban en manos de la gente, sus legítimos dueños, hubieran sido mucho mejor utilizados para incentivar la economía en un sistema de cooperación voluntaria donde cada uno tiene la soberanía de sacarle el mejor rendimiento a cada moneda.

Crótalus

Equipo Periodistico
Equipo Periodistico
Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, John Walter Ferrari, Víctor Ortiz.

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