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Opinión

¿Asunción, por qué te abandonaron?

Han pasado en las últimas dos décadas, distintas administraciones municipales, diferentes partidos, hombres y mujeres a cargo de la responsabilidad de gobernar la ciudad y con perfiles disimiles. Nadie podría decir con elementos probatorios, que hay una conspiración orquestada contra la madre de ciudades. Lo cierto es que la mayoría de los asuncenos y asuncenas coinciden que, en algún momento, pareciera que la dirigencia política con responsabilidades de gobierno, suscribieron un tácito acuerdo: “esta ciudad no es nuestra”.

No es una afirmación desatinada ni ligera. Es la comprobación diaria del estado decadente y de abandono que sufre la capital del país, a pesar de los diferentes planes, proyectos e inversiones que generalmente terminan en colosales estafas o intentos repetidamente frustrados por la inoperancia o la corrupción que se pasea entre baches, apagones y otras calamidades.

Esta nota no es la primera que pone de relieve el nivel de deterioro de Asunción. Mucha tinta ha corrido en estos años, poniendo de manifiesto el mismo sentimiento y pesar. Lo que aún nadie ha podido responder con precisión querida Asunción, es en qué momento te abandonaron y porqué. Lo cierto es que el transcurso del tiempo no fue para bien sino por el contrario. Todo indica que la pendiente, nos lleva al río que nadie mira y a nadie parece interesar.

Sin embargo, en tiempos duros como los de la pandemia, existen ciudadanos y ciudadanas, que quieren levantarse desde el suelo, para ponerse de pie y repetir aquello que no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. Una persona contagia a otra y está a un grupo y ese grupo se convierte en nuevos vientos, que, en la mañana de un viernes 20 de noviembre del 2020, simbólicamente volvieron a desembarcar en la bahía de Asunción como hace más de 200 años, cuando llegaron por aquí colonizadores, que venían de tierras extrañas.

Estos nuevos navegantes, no llegan sin saber a donde llegan. La historia ha sido prodiga en señales y el manifiesto fundacional de este renovado intento, nos dice que “Asunción es una ciudad privilegiada por la naturaleza. Está asentada sobre colinas, bordeada por el río que da nombre al país, regada por arroyos y cubierta por una flora y una avifauna excepcionales.”

“Asunción se destaca por sus singularidades históricas y culturales. Su territorio ha sido hogar de diversas culturas y sociedades desde tiempos precolombinos y es parte indiscutida del territorio guaranítico: nuestra lengua autóctona la reconoce como Paraguay.

La declaración de ASUNCION CAUSA NACIONAL, que se leyó a orillas del río despreciado y muy pocas veces aprovechado, da cuenta que “Asunción es una Ciudad patrimonial. Es depositaria de un valioso patrimonio cultural, con legados arqueológicos, etnográficos y arquitectónicos distribuidos en su Centro Histórico y otras zonas que lo atesoran.”

No obstante los desafíos están claros y se ponen de manifiesto con absoluta franqueza: “Asunción presenta indicadores que debemos revertir: estancamiento demográfico, aumento de la pobreza, la desigualdad y la informalidad, deterioro del patrimonio urbano, contaminación atmosférica y visual, degradación de sus recursos hídricos y disfuncionalidades que la afectan negativamente, en especial, a la movilidad a escala humana, a la gestión de los residuos sólidos y a la salud, y un progresivo debilitamiento institucional, a pesar del constante aumento del aparato municipal.”

No cabe duda que hay por delante una inmensa tarea y que este es el primer paso y requiere:” la convergencia de tres actores: el Estado central, las organizaciones ciudadanas mancomunadas y la municipalidad capitalina, en torno a un programa que, partiendo de una visión de futuro concertada, defina las políticas, estrategias y acciones para aprovechar las fortalezas urbanas y captar las mejores oportunidades del entorno regional y global” termina diciendo el manifiesto.

La oportunidad por lo general aparece cuando menos se lo espera. Es tarea de todos y todas, recuperar el sueño de nuestros antepasados y demostrarnos que podemos salir de la postergación, y el atraso, para sentirnos legítimamente orgullosos de ser parte de nuestra ciudad capital.

Arturo Enzo Bregaglio
Escrito por

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