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Aprender de los errores vecinos

Argentina posee uno de esos matices inexplicables. Por un lado, fue una potencia económica desde 1895 hasta 1945, pero en la actualidad enfrenta un desequilibrio económico que pone en riesgo las inversiones tanto locales como internacionales. Desde Paraguay, podemos enorgullecernos de nuestra baja inflación y de ser reconocidos mundialmente como un país económicamente estable. Sin embargo, muchos paraguayos cruzan la frontera en busca de una mejor atención médica en Argentina, que aunque no siempre sea gratuita, suele ser mucho más económica.

Debemos admitir que más allá de esta economía inexplicable, Argentina mantiene un índice de desarrollo humano muy alto en comparación con otros países. De los 191 países evaluados, Paraguay ocupa el puesto 103 y Argentina se sitúa en el puesto 47. Esto significa que las políticas públicas, independientemente del gobierno de turno, buscan mantener servicios, programas y un desarrollo social sostenible.

Argentina pasó de endeudarse con el FMI a endeudarse con China Continental. El déficit comercial asciende a unos 9000 millones de dólares al año. Es decir, China le vende a Argentina 9000 millones de dólares más de lo que este país puede exportar a China Continental. Y estamos hablando de un productor de materias primas que ocupa los primeros puestos en cuanto a la producción de granos y carne vacuna se refiere.

Este mes de junio, China lanzó un salvavidas económico a Argentina por un monto de aproximadamente 5000 millones de dólares, que se suman a un paquete anterior de 18 300 millones. En pocas palabras, el Ministro de Hacienda Sergio Massa abrió la puerta a una deuda de más de 20 000 millones con China Continental. Y con justa razón, los críticos salieron a pedir explicaciones, sobre todo respecto a lo que el país oriental está solicitando a cambio. Recordemos que China ya tiene “una estación espacial” en Neuquén, de la cual Argentina solo puede utilizar el 10%. Además, se suma a esto la intención firmada hace pocos días: China pretende construir un puerto en Tierra del Fuego y un polo petroquímico. ¿Será en los mismos términos que la estación espacial, donde el terreno sobre el que se construyó tiene casi las mismas características que una embajada?

Ante el persistente debate sobre la posibilidad de establecer un acuerdo directo entre Paraguay y China Continental, con la excusa de que más del 20% de nuestras importaciones provienen de dicho país, no me quedan dudas en presentar realidades concretas. ¿Realmente vamos a negociar con una potencia mundial conocida por no cumplir acuerdos y generar competencia desleal? No hemos podido resolver el problema de las tarifas en la hidrovía con Argentina, teniendo al Mercosur como mediador. ¿Y vamos a intentar negociar como pares con una China Continental que claramente utiliza la deuda pública para someter a los países más pequeños?

Las tasas de interés de los préstamos chinos son casi el doble de las que solicita el FMI o el Banco Mundial. Y a estos organismos internacionales no les interesa la explotación minera, los recursos hídricos o algún punto estratégico de nuestro territorio; ellos solo exigen el cumplimiento de los pagos.

La independencia no solo se trata de poder elegir con qué mercados negociar, sino también de entender que no todos juegan con las mismas reglas. Si bien tenemos un largo camino por recorrer mientras esperamos la apertura de nuevos y mejores mercados, debemos asegurar nuestra soberanía y no arriesgar lo que tanto nos ha costado construir.

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