En esta sociedad hiperconectada de hoy, donde se exige a cada uno tanto atención
como productividad, la frase de “apagar el cerebro” podría sonar como sinónimo de
pereza o pérdida de tiempo. Aunque no siempre es así, ya que desconectarse de las
preocupaciones diarias puede servir para proteger nuestra salud mental. El cerebro
requiere de pausas para recuperar energía y procesar experiencias.
Claro que existe el riesgo de llevar este “apagado” al extremo. Especialmente cuando
uno se refugia constantemente en distracciones vacías que sirven de escape de la
realidad. Solo en ese sentido, apagar el cerebro no es igual a un descanso, sino que
se transforma directamente en evasión.
Hay que saber cómo equilibrar las situaciones. Es necesario saber cuándo es
necesario el desconectarse para cuidar la salud mental y cuando es una excusa para
no asumir responsabilidades, y cómo se podría mejorar. El descanso productivo se
diferencia del ocio vacío en la manera en que moldea nuestro bienestar a largo plazo.
En fin, apagar el cerebro no es algo totalmente positivo ni totalmente negativo, todo
depende cómo es que lo practiquemos. Podría solo tratarse de un respiro en este
mundo que no frena por nada ni nadie, o también podría tratarse de un sendero directo
hacia la apatía y la desconexión de la realidad. Igual que todo en esta vida, hay que
saber tomar la medida justa. Reconocer cuando es útil descansar y cuando es
obligatorio un despertar para alcanzar cierto grado de sabiduría.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
