La nuestra es una época donde, gracias a la tecnología estamos más conectados que
nunca; paradójicamente, también nos hace bajar la guardia. Es entonces cuando
podemos hablar de “anestesia digital”, que no es más que un estado de desconexión
emocional y crítica que surge por el consumo masivo de datos superficiales. Tanto las
redes sociales como los videos virales, golpean a nuestros sentidos, creando una falsa
sensación de sabiduría, cuando solo somos espectadores pasivos sin profundidad.
Este hecho no solo daña nuestra capacidad de reflexionar, sino también destruye el
diálogo social. Los debates en línea no son más que eslóganes simplistas o
directamente ataques personales. La inmediatez y el algoritmo de las plataformas
digitales priorizan lo emocional sobre lo racional, anestesiando nuestra empatía y
pensamiento crítico. Lo que causa que normalicemos lo banal ante problemas reales.
Aun así, no todo es negativo. Reconocer esa anestesia es el primer paso para
librarnos de ella. Debemos entonces de crear hábitos digitales más consientes como:
buscar otras fuentes de confianza, recuperar el debate profundo y limitar nuestro
tiempo en redes. La educación mediática debería ser una prioridad en estos tiempos.
La tecnología no es dañina, pero el uso que hacemos de ella sí puede llegar a serlo.
Estar anestesiados digitalmente no es inevitable, solo requiere acción individual y
colectiva. Romper con el adormecimiento no es fácil, pero es esencial para hacer de la
sociedad un espacio con más sentido común y crítico. Si no lo hacemos, estamos
condenados a un mundo hiperconectado, pero emocionalmente vacío.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
