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Editorial

Aislamiento voluntario

Entre los últimos acuerdos firmados por el Paraguay sobre cuestiones ambientales figuran cláusulas que contemplan a las denominadas “etnias en estado de aislamiento voluntario”, algunas de ellas, moviéndose en inciertos lugares del Chaco. Se trata de comunidades que prefieren rehuir todo contacto con los demás núcleos poblacionales por diversas razones, muchas de ellas culturales vinculadas a usos, costumbres y tradiciones heredadas durante siglos.

Algunos estudiosos prefieren hablar simplemente de “aislamiento”, a secas, considerando que el modificativo de “voluntario” se presta a confusiones que alientan fantasías antropológicas sin sustento metodológico. “Para muchos de estos pueblos, el aislamiento no ha sido una opción voluntaria, sino una estrategia de supervivencia” se argumenta en el estudio titulado “Pueblos indígenas en aislamiento voluntario en la Amazonía y el Gran Chaco”. Nadie sabe a ciencia cierta cuantos individuos persisten en aislamiento. Aquino Picanerai, que integra el grupo que elaboró el informe, escribe: “Nosotros sabemos muy bien que hay todavía Ayoreo en el monte (Chaco paraguayo) pero no sabemos exactamente cuántos. Hay gente que piensa que hay varios grupos, pero no se sabe, porque nadie puede decir bien así… pueden ser dos, pueden ser tres o hasta cinco grupos; puede ser también que haya un grupo de cuarenta familias o diez nomás, pero no podemos precisar”. Aun cuando este informe se conoció en 2006, muchos interrogantes siguen sin respuesta.

Es decir, hay muchas presunciones pero pocas certezas. No sabemos si se mantienen en aislamiento porque los contactos del pasado fueron muy violentos para las etnias silvícolas, tanto por el atropello armado de comunidades como por el contagio de enfermedades letales para su carencia de memoria inmunológica. O si lo hacen por propio convencimiento de que integrarse a los “blancos” sería traicionar su sentido de pertenencia.

De todas maneras, el aislamiento voluntario se va haciendo cada vez más impracticable. En la región Oriental es casi desconocido. Los mbya guaraní de Kambay, con su hospital escuela y sus estanques de piscicultura y los ache de Puerto Barra que siembran soja y tienen tambo mecanizado, han abrazado la integración sin perder identidad de origen.

Y no parecen estar incómodos con su destino.

Equipo Periodistico
Escrito por

Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, Lorena Barreto, Luz González, Jacqueline Torres, Patricia Galeano, Magalí Fleitas, Victor Ortiz, David Chamorro, Mary López, Juan Martínez, Fabrizio Meza, Lisandra Aguilar.

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