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Agu Netto, una joya del cine paraguayo

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“Agu Netto es un hombre señalado por el amor al cine y la devoción hacia la amistad, entendida ésta en su sentido profundo. También era un hombre de familia, entregado a sus afectos más cercanos y más sanguíneos; hija, mamá, papá, aunque ya no estuviera, hermana, esposa o compañera. Con un alto concepto de la dignidad, era una persona solidaria, aguerrida y con alegría de vivir”, contó Juana Miranda, miembro de la Asociación de Documentalistas del Paraguay (DocPy) y consejera del Instituto Nacional del Audiovisual Paraguayo (INAP).

El cineasta Agu Netto falleció el pasado lunes, dejando un enorme vacío en el cine paraguayo. Sobre la causa de su fallecimiento, Juana afirmó que no puede precisar el motivo, sin embargo, afirmó que tenía una condición de nacimiento, que conllevaba una serie de dificultades y limitaciones, a la que siempre supo enfrentar a fuerza de coraje y persistencia. Estaba delicado desde hace unas semanas.

“Veía y  pensaba el cine como un enamorado. Energía y entusiasmo eran sus marcas para hablar, discutir y hacer cine. También era regular en él su buen humor”, sentenció.

Manifestó que es difícil medir el legado de una persona que aún sigue dándonos. “Agu fue un cineasta, y cinéfilo. Esto es una rareza, creo yo. Nos deja sus obras como realizador, (Otra mano, la serie sobre migraciones y otra sobre Afrodescendientes, Emunho, Izquierda-Derecha. Sus obras dirigidas y co-dirigidas) y como cinéfilo nos deja otro trabajo; un corpus más heterogéneo, repartido entre artículos, blogs, posteos en distintas redes, discusiones en distintas plataformas y grupos, pensamiento compartido y divergente, con vocación de debate”, aseveró.

Expresó que su fallecimiento es una pérdida enorme para la cultura, y para el cine en particular. “Tenía mucho amor al cine, y eso se traducía en amor por los/las cineastas, y respeto a las obras. Un movimiento de cámara debía tener sentido, una proyección debía ser impecable. Perdemos también quienes creemos que la ebullición de pensamientos, la  confrontación y la discusión son fuente de vida, tanto para la creación artística como para la construcción de sentido en lo social y político”, aseguró.

Sostuvo que Agu en su hacer diario agitaba, creía más en el disenso que en el consenso, y que eso tiene un significado enorme, sobre todo para nuestra sociedad, que está marcada por una tendencia al pensamiento unívoco, la homogeneización, y el temor a la libertad de pensamiento.

Declaró que lo que más extrañará de él será su alegría de vivir, su irreverencia y presencia.

Comentó que Agu marcó muchas cosas en el cine, como amor, entusiasmo, transmisión de conocimiento y generosidad para compartir. “Trabajó mucho para llevar adelante sus trabajos como realizador, pero también dejó mucha entrega a los otros, desde compartir películas, hasta organizar ciclos de cine, comprometerse en el proceso de ley de cine, llevar una militancia aportando puntos de vista no cómodos”, sentenció.

Opinó que el mejor homenaje que podemos hacerle es viviendo para realizar. “Seguir trabajando por un cine que nos haga vernos, que nos pique, como decía él. Defender espacios de libertad, de diálogo, y nuestro derecho a hacer, a construir condiciones de posibilidad de un cine posible”, analizó.

Garantizó que sin duda, a Agu le hubiese gustado mejorar la formación del cine paraguayo.

Finalizó aseverando que probablemente le hubiese gustado que lo recordemos con amor y nuevas comprensiones de lo que nos quiso dar. Si ella pudiese definirlo con una palabra, sería pasión.