¿No sienten que a veces solo necesitan huir? De las responsabilidades, las
expectativas y el ritmo acelerado del mundo. No se trata de simple cobardía, sino del
inevitable deseo humano de buscar y encontrar un respiro, un breve o largo instante
en el que no existan demandas ni juicios.
Tanto la idea como el hecho de huir no siempre es igual a abandonarlo todo de
manera física. También puede ser un grito interno por la libertad, un reclamo por
romper con rutinas que nos ahogan. Deseamos simplemente salir a caminar sin
apuros, no importa si el día es soleado o nublado, si la noche es ruidosa o silenciosa.
Es una reacción natural ante el estrés, una señal de que necesitamos un momento sin
alarmas para reconectar con nosotros mismos.
Claro que huir no es una solución eterna. Se trata solo de un alivio momentáneo; tarde
o temprano hay que enfrentar lo que dejamos atrás. La clave está en el equilibrio:
darnos el lujo de pausas sin remordimientos, pero también crear mecanismos para
manejar la presión. Un buen libro, actividad física o solo meditar, pueden servir de
refugios temporales que nos brinden seguridad.
Al final, ese impulso de huir nos recuerda siempre que al final no somos perfectos,
solo humanos. Quizá en vez de correr, solo debemos saber cuándo detenernos. El
mundo no se detendrá por nosotros, pero no deberíamos esperar hasta el límite para
concedernos un respiro, lejos de todo y de todos.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
