martes, agosto 25

3×3 martes 25de agosto por Benjamín Fernández Bogado

OBRAS SIN FISCALIZACIÓN NI CONTROL

Para muchos, la presentación de la ministra de Obras Claudia Centurión ante los senadores, que no tuvo el estatus de una interpelación, demostró todo lo que habíamos afirmado en términos de obras viales. No se realizan como se debieran, no se controlan, no se castigan a las empresas que forman parte del único proyecto de la llamada Alianza Público-Privada, en donde se le otorga a una empresa privada el mejoramiento vial de una carretera que ya existía con anterioridad. La habían ampliado colocándola en varios senderos de ida y de vuelta, pero en muchos de los lugares no se intervinieron como se debiera.

En lugares donde deberían existir viaductos, se construyeron rotondas que se han convertido en verdaderas trampas para muchos de los que transitan por nuestras rutas. En lugares en donde tendría que haberse, según el plano licitatorio, llevado adelante estas obras de paso a nivel, no se realizaron, con lo cual el Estado, que había tenido que representar nuestros intereses, no lo hizo, probablemente por conveniencias de carácter crematístico-económicos. No querían cargarle a las empresas vialeras encargadas de esta construcción con un recargo mayor que el que realmente tenían si no lo hacían.

Muchas de estas cuestiones terminaron en la muerte de varios compatriotas, como el caso último de la bajada del Cerro de Caacupé a la altura de la compañía Pedroso en Ypacaraí. Sobre esto, la ministra Centurión, ante los senadores, dijo que ella no se considera la culpable de esta situación y dijo que se va a resolver el paso de un lugar a otro cruzando la ruta hacia finales del mes de diciembre. Todas estas cuestiones nos demuestran, reitero, de que cuando se concede una cuestión como las rutas del Este, tendría que haber un mecanismo de control severo, estricto, que multe y castigue a la empresa privada que no hace lo que estaba previsto que debía hacer el pliego licitatorio.

RESIGNACIÓN POLÍTICA

La actitud que tenemos los paraguayos ante problemas es casi siempre el de una resignación, de decir que así nomás son las cosas en nuestro país y que no hay manera de cambiarlas. Eso ocurre en varias cuestiones centrales, como la corrupción, como el grave déficit en materia educativa y también en materia de salud.

Nos hemos acostumbrado durante demasiado tiempo a que nada pueda cambiarse y que está tan consolidada la corrupción al interior de nuestras instituciones que cualquiera que pretenda transformar ese status quo terminará siendo víctima de quienes se opongan al mismo o sencillamente no tendrá el apoyo popular que querría ese gobierno tener. Durante todo este tiempo incluso de democracia en que pensamos que las cosas tendrían que hacerse de manera más transparente, más participativa, más dialogada, más escuchando el clamor, las demandas y las exigencias de la gente, al contrario, hemos visto una democracia de muy escasa calidad en donde realmente no importa lo que uno prometa, total ya se parte de la idea de que todo es una mentira. Y así estamos degradando este sistema político y estamos alentando y estimulando a los que tienen nostalgia autoritaria y que repiten de una y otra vez para intentar convencernos de que los tiempos autoritarios de Stroessner eran mejores.

Toda esta situación tiene que cambiar y eso lo único que puede hacerlo en ese cambio es la actitud del ciudadano que verdaderamente deje de ser un idiota, una persona que sólo piensa en sí mismo y que transforma en forma conjunta el mundo y la relación que tiene entre personas que habitan ese espacio territorial que se llama el Paraguay.

EL GUARANI: NUESTRA IDENTIDAD NACIONAL

Nuestro idioma nacional, el idioma oficial del guaraní, está en su día. Una lengua que nos identifica, que nos da un estatus de nación completamente diferente y que nos proyecta como tal. Hemos construido ese rango identitario a lo largo del tiempo y en la Constitución de 1992 declaramos al guaraní como idioma oficial con la misma estatura que tiene el idioma español y ha sido utilizado de manera profusa ya en los tribunales y también de manera más constante en materia de educación en nuestras escuelas. Pero nos falta tener una potente academia del guaraní y ponernos de acuerdo en torno a la escritura y hacer de que realmente el idioma sea fácil de aprender y de mejorar.

Ñamo pu’a ñande ña’e guarani.