La vida es el tiempo que transcurre desde el nacimiento de un ser hasta su muerte o hasta el presente, o la energía, trabajo o fuerza que ponemos en una tarea determinada, siempre que tengamos salud o las herramientas que nos sirvan para desarrollar bien nuestros fines.
Henry David Thoreau (Concord, Massachusetts, 1817 – 1862) fue un escritor, filósofo, naturalista y poeta estadounidense, considerado uno de los pensadores más originales e influyentes del siglo XIX. Fue una figura clave del Trascendentalismo —un movimiento filosófico y literario que defendía la intuición espiritual por encima de la doctrina religiosa y el misticismo de la naturaleza— y un pionero indiscutible del ecologismo y de la desobediencia civil.
Thoreau es recordado por haber puesto en práctica sus ideas filosóficas de una manera radical, demostrando una coherencia absoluta entre lo que escribía y cómo vivía. Hoy día parece que queremos ser más rápidos y fuertes no solo más que otra persona sino hasta de nuestras herramientas de trabajo, comemos, socializamos o descansamos con la mente puesta en nuestros proyectos laborales, académicos, o de cualquier tarea que tengamos en nuestras vidas. Según él “En la medida en que simplifiques tu vida, las leyes del universo te parecerán menos complejas; y la soledad no será soledad, ni pobreza, o debilidad”.
Claves para vivir mejor
Para no dejar que nuestros pensamientos o sentimientos choquen con nuestras necesidades o la complejidad de nuestras vidas, estamos obligados a dejar de lado hábitos nocivos cómo;
- El desapego material y el consumo consciente; que no significa vivir en la pobreza, sino cambiar nuestra relación con las cosas. Implica dejar de acumular objetos por estatus o por llenar vacíos emocionales. Una persona que busca la simplicidad se pregunta antes de comprar: «¿Realmente necesito esto o estoy cambiando mi tiempo y mi tranquilidad por ello?». Se valora la calidad sobre la cantidad y se reduce el desperdicio.
- Tener una gestión del tiempo y aplicar la «desaceleración»; Vivimos en la cultura de la prisa, donde estar exhausto o permanentemente ocupado se considera un símbolo de éxito. La vida sencilla propone la desaceleración: aprender a decir «no» a compromisos innecesarios, vaciar la agenda y proteger el tiempo libre para el descanso, la contemplación, diálogo con otra persona y el disfrute de los placeres cotidianos.
- retornar a la naturaleza y lo cotidiano: se encuentra un profundo sentido de satisfacción en las cosas básicas y reales: una comida casera, una conversación sin pantallas de por medio, cultivar un jardín o caminar al aire libre. La neurociencia ha demostrado que este contacto con lo simple reduce drásticamente los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y estabiliza el sistema nervioso.
En 1845, Henry David Thoreau decidió retirarse a una pequeña cabaña que él mismo había construido junto al lado de Walden, en Massachusetts. Vivió allí hasta 1847. Thoreau no lo hizo para huir de la sociedad y convertirse en un ermitaño. Su cabaña, en realidad, estaba apenas a tres kilómetros de Concord, donde vivían su familia y amigos. Recibía visitas, iba al pueblo cuando lo necesitaba y no dejaba de relacionarse en ningún momento. De lo que huía no era de la gente, era del exceso. Que, si ya existía en ese tiempo, imagine Ud. lo que ha durado hasta haber llegado a lo que se ha convertido el ser humano alrededor del tener para ser feliz o sentir que vive bien.

Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
