viernes, julio 31

NIÑEZ Y MADUREZ

Todos alguna vez nacemos y vivimos periodos en nuestras vidas, empezamos siendo niños, luego adolescentes, jóvenes, adultos y mayores de edad. Según el psiquiatra húngaro Stephen Szasz; “Un niño se convierte en adulto cuando comprende que tiene derecho no solo a tener razón, sino también a equivocarse”, porque en el planeta, aunque tengamos distintas edades, formaciones, condiciones de vida y comodidades, somos seres humanos, no perfectos cómo algunas personas quieren o esperan. El psiquiatra dice; El paso de la infancia a la madurez no se mide por la edad o el tamaño físico, sino por una profunda transformación en la responsabilidad individual y la aceptación de la imperfección.

Además, habla de;

1. La necesidad infantil de «Tener Razón»

Durante la infancia, el pensamiento está fuertemente moldeado por la necesidad de aprobación de las figuras de autoridad (padres, maestros).

  • Para un niño, equivocarse suele equivaler a un castigo, a la pérdida de afecto o a sentirse «malo».

  • Por eso, el niño busca desesperadamente tener razón: la certeza le da seguridad, alineándose con las reglas impuestas por los adultos para sentirse a salvo.

2. El «Derecho a equivocarse» como acto de libertad

Tener derecho a equivocarse significa que la persona asume la propiedad total sobre sus decisiones.

  • Autonomía moral: Cuando reconoces que tienes derecho a fallar, dejas de actuar únicamente para complacer a los demás o para evitar el castigo.

  • Toma de riesgos: Comprendes que decidir por ti mismo implica la posibilidad inherente de cometer errores. Un adulto no es alguien que nunca se equivoca, sino alguien que asume la responsabilidad del error sin que eso destruya su valor personal.

3. Desmantelar el perfeccionismo y el miedo al juicio

Szasz, conocido por sus posturas libertarias sobre el libre albedrío y la responsabilidad individual, apunta a que la verdadera madurez emocional requiere superar el miedo al juicio ajeno.

  • Quien necesita tener razón siempre sigue atrapado en una dinámica infantil: la búsqueda de validación externa.

  • El adulto comprende que el error no es una falla moral ni una señal de debilidad, sino una consecuencia natural de la libertad de elección y del aprendizaje continuo.