La educación de la población indígena en Paraguay registra avances en la última década, pero mantiene una brecha marcada al llegar a la adolescencia. El IV Censo Nacional Indígena 2022 muestra que la asistencia escolar pasó de 59% en 2012 a 68,6% en 2022, aunque entre los jóvenes de 15 a 17 años cae al 44,4%.
Los datos forman parte de los resultados difundidos recientemente por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que publicó boletines especiales sobre la situación de la población indígena para profundizar en distintas dimensiones de la realidad de los pueblos originarios a partir de la información recogida en el Censo 2022. Entre estos contenidos se encuentra el análisis específico de la situación educativa, con indicadores desagregados por edad, sexo, pueblo y territorio.
¿En qué momento comienza a caer la asistencia escolar indígena?
El salto entre la infancia y la adolescencia es uno de los principales datos que deja el relevamiento. Entre los niños indígenas de 6 a 9 años, la asistencia escolar llega al 78,1%. En el grupo de 10 a 14 años baja a 73,7%, mientras que entre quienes tienen 15 a 17 años se reduce de manera mucho más pronunciada hasta 44,4%.
Esto significa que la mejora registrada en el acceso educativo durante la última década no se traduce de la misma manera en permanencia escolar durante toda la trayectoria. En términos generales, 23% de la población indígena de 6 a 17 años no asiste a una institución de enseñanza formal, según los resultados del Censo.
El problema tampoco presenta la misma dimensión entre todos los pueblos. La asistencia llega al 89,9% entre los Ache, al 89,6% entre el pueblo Guaraní Occidental y al 88,1% entre los Ybytoso. En el extremo contrario, el indicador cae al 34,6% entre los Ayoreo, mientras que alcanza 56,1% entre los Manjui y 59,7% entre los Sanapaná.
¿Qué ocurre con la educación cuando los estudiantes avanzan de nivel?
Los datos sobre la oferta disponible en las comunidades permiten observar otra dimensión del problema. El 72,2% de las comunidades, aldeas o barrios indígenas cuenta con un local escolar, pero la mayoría de esos establecimientos no llega a los niveles superiores de la educación.
El 63,7% de los locales escolares ofrece como máximo el primero y segundo ciclo de la Educación Escolar Básica. Otro 19,6% llega al tercer ciclo y apenas 14,3% ofrece Educación Media. La diferencia resulta relevante cuando se contrasta con la fuerte caída de asistencia que aparece precisamente entre los 15 y 17 años, aunque el Censo no establece por sí solo una relación causal entre ambos indicadores.
La cobertura también presenta diferencias entre pueblos. En el caso del Manjui, solo el 50% de las comunidades o aldeas dispone de un local escolar y entre el Guaraní Occidental la proporción es de 40,7%.
¿Qué condiciones enfrentan las escuelas de las comunidades indígenas?
La permanencia educativa también debe analizarse junto con las condiciones de infraestructura. Entre las comunidades que cuentan con locales escolares, el principal problema señalado es la falta de aulas, con 49,8%. Le siguen la falta de mobiliario, con 37,4%, y las deficiencias en instalaciones sanitarias y ventilación, con 31,9% cada una.
El relevamiento también identifica dificultades relacionadas con otros componentes de los establecimientos, como disponibilidad de agua, energía eléctrica, libros y condiciones físicas de los edificios. Esto muestra que la discusión sobre acceso educativo no se limita a la matrícula o a la asistencia.
La situación docente presenta algunos indicadores favorables. El 73,6% de las comunidades cuenta con al menos un docente y 67,9% de los maestros pertenece a un pueblo indígena. Además, 87,1% recibe salario del sector público y 88,5% declara asistir todos los días a clases.
Sin embargo, persiste una brecha en materia lingüística. El 78,2% de los docentes habla guaraní, mientras que 61,3% habla castellano y solo 22% habla alguna lengua indígena. En comunidades donde la lengua constituye un componente central de la identidad cultural, este indicador forma parte del desafío de construir una educación intercultural.
¿Cómo evolucionó el analfabetismo entre la población indígena?
La caída de la asistencia adolescente convive con un avance importante en otro indicador educativo. La tasa de analfabetismo entre la población indígena de 15 años y más pasó de 32,1% en 2012 a 19,6% en 2022.
La reducción, sin embargo, no fue suficiente para cerrar las diferencias territoriales y de género. En el área rural, el analfabetismo alcanza 21,4%, frente a 7,9% en el área urbana. Dentro de las zonas rurales, la tasa llega al 25,6% entre las mujeres, mientras que entre los varones es de 17,3%.
También existen diferencias muy amplias entre pueblos. El Manjui registra el nivel más alto, con 57,7%, seguido por Paĩ Tavyterã, con 35,5%, y Mbya Guaraní, con 30%. En contraste, el Guaraní Occidental/Pueblo Guaraní presenta una tasa de 3,5%.
La brecha se vuelve todavía más visible al observar la edad. Entre los indígenas de 15 a 19 años, el analfabetismo se sitúa en 6,2% entre los varones y 6,4% entre las mujeres. En el grupo de 65 años y más, llega al 51,6% entre los varones y al 71,1% entre las mujeres.
¿Qué nivel educativo alcanza la población indígena?
El promedio de años de estudio entre la población indígena de 15 años y más es de 4,6 años. Pero nuevamente aparecen diferencias importantes entre pueblos y territorios.
El promedio alcanza 8,2 años entre el Guaraní Occidental/Pueblo Guaraní y 7,8 años entre los Ache. En el extremo inferior se encuentran los Manjui, con 2,1 años, y los Ayoreo, con 2,7 años.
Por territorio, Asunción registra el promedio más alto, con 8,2 años de estudio, seguida por Central, con 6,3 años. En varios departamentos, el promedio se ubica entre 3 y 4,1 años, entre ellos Itapúa, Amambay, Guairá, Concepción, Presidente Hayes, Caazapá y Caaguazú.
El idioma también aparece asociado a diferencias educativas. Las personas que hablan principalmente castellano registran un promedio de 7,5 años de estudio, mientras quienes hablan guaraní alcanzan 4,5 años y quienes hablan una lengua propia, también 4,5 años.
¿Qué pasa con los jóvenes indígenas después de la etapa escolar?
La situación educativa adquiere otra dimensión cuando se observa a la población de 15 a 29 años. El Censo señala que 39,5% de los jóvenes indígenas no estudia ni trabaja.
La diferencia por sexo es particularmente amplia. Entre las mujeres jóvenes, la proporción alcanza 57%, frente al 22% de los varones. El indicador registra brechas importantes en distintos pueblos, entre ellos Ayoreo, Enxet Sur, Manjui, Angaité, Guaraní Ñandéva, Nivaclé, Sanapaná y Ache.
Este dato permite observar que la discusión sobre la permanencia escolar no termina en la asistencia a las aulas. La transición desde la educación hacia estudios posteriores o el mercado laboral también presenta dificultades para una parte significativa de la población indígena joven.
El desafío institucional, por tanto, abarca distintas etapas: mantener a los estudiantes dentro del sistema educativo durante la adolescencia, ampliar la oferta de niveles superiores en las comunidades y generar condiciones para que los jóvenes puedan continuar sus estudios o incorporarse al mercado laboral.
¿Qué desafío plantea la caída de asistencia en la adolescencia?
Los boletines especiales publicados recientemente por el INE permiten ampliar la mirada sobre la población indígena y poner en contexto las brechas que persisten en áreas como educación, territorio y condiciones de vida. En el caso educativo, los resultados muestran una evolución positiva en indicadores como el analfabetismo y la asistencia general, pero también identifican un punto de quiebre en la trayectoria escolar.
La asistencia pasa de 78,1% entre los niños de 6 a 9 años a 44,4% entre los adolescentes de 15 a 17 años. A esto se suma una oferta limitada de Educación Media, déficits de infraestructura, diferencias territoriales y brechas en materia lingüística.
La información disponible no permite atribuir la caída de la asistencia a una única causa. Pero sí ofrece una base estadística para identificar dónde se concentran las mayores dificultades y orientar políticas de acceso, permanencia y culminación educativa.
La reducción del analfabetismo demuestra avances durante la última década. El dato de 44,4% de asistencia entre los adolescentes de 15 a 17 años, en cambio, muestra el desafío pendiente: lograr que la incorporación al sistema educativo durante la infancia se transforme también en una trayectoria que continúe durante la adolescencia.