viernes, julio 31

FRACASAR PERO CONTINUAR

El fracaso se define como el «malogro, resultado adverso de una persona, empresa, negocio» o un “suceso lastimoso, inopinado y funesto”. Sigmund Freud (1856–1939) fue un neurólogo austríaco de origen judío, mundialmente conocido como el padre del psicoanálisis. 

Según Freud “Quien piensa en fracasar, ya fracasó antes de intentar; quien piensa en ganar, lleva ya un paso adelante”. El psicoanálisis es una teoría sobre la mente humana y, al mismo tiempo, un método de tratamiento psicoterapéutico. Por ende, debemos mentalizarnos con la victoria ante cualquier desafío que tengamos antes de empezar o desarrollarlo. El creador del psicoanálisis dejó una reflexión que destaca la importancia de la confianza en uno mismo y cómo la actitud mental puede influir en las posibilidades de alcanzar un objetivo.

Nadie o nada más que nosotros o las redes sociales saben lo que ocurre en nuestras mentes, un lugar delicado e importante en el organismo del mundo, que además de atenderlo con un buen descanso, ejercicio físico, buena alimentación, con tareas reflexivas cómo la lectura, la pintura, escritura, los cálculos o una conversación con quién confiemos nuestros sentimientos y pensamientos sobre alguien o lo que sea, que pueden ser importantes desafíos de acuerdo a nuestra actitud, espíritu y preparación psicológica, académica o social. 

La debemos nutrir de ideas y cuestionamientos sobre lo que ocurre en nuestros entornos y sobre nosotros mismos, que podemos ser unos fracasados o ganadores no solo por haber alcanzado nuestras metas sino en la forma que pensamos al trabajar. 

Aprender de los fracasos

El fracaso es una de las experiencias humanas más universales y, al mismo tiempo, una de las más dolorosas de digerir. La dificultad para aceptarlo no es una muestra de debilidad ni un defecto de carácter; responde a mecanismos biológicos, psicológicos y culturales profundamente arraigados. Desde la neurociencia, el rechazo o el fallo en cualquier expectativa no es un concepto abstracto. Cuando fracasamos en una meta importante, se activan regiones cerebrales como la corteza cingulada anterior, la misma zona que se enciende cuando experimentamos dolor físico real.

El médico neurólogo austríaco dedicó gran parte de su obra a estudiar cómo los procesos inconscientes influyen en el comportamiento humano. Aunque esta cita no forma parte de sus escritos más conocidos, está en sintonía con una idea que atraviesa su pensamiento: la mente condiciona, en gran medida, la forma en que actuamos las personas. 

Por otro lado Freud no abordó el fracaso como un simple error de cálculo o un tropiezo banal, sino como una manifestación reveladora del conflicto psíquico. Para el padre del psicoanálisis, los fallos y tropiezos en la vida no son accidentes azarosos, sino ventanas directas hacia los deseos, culpas y tensiones reprimidas en el inconsciente. 

Por eso es importante tener un buen espíritu desde que despertamos hasta volver a descansar, agradecer por el poder respirar por la nariz, ver, oír, estar de pie, pensar en orden, así cómo ni imaginar en fallar, errar o equivocarnos en lo que sea para no “atraer mala onda” o cualquier cosa que sirva para confundirnos o equivocarnos