El conflicto de Ucrania plantea desafíos inmediatos a la economía
Cada guerra internacional, sea de baja o media intensidad, pone al mundo frente a encrucijadas típicas: encarecimiento inmediato de productos estratégicos, en especial los combustibles y los alimentos así como el transporte y la circulación de materias primas e insumos industriales. La tripleta principal compuesta por la soja, el maíz y el trigo ha perforado techos históricos en los mercados de referencia mientras el petróleo del Mar del Norte superaba los US$ 102,30 al mediodía europeo de ayer.
Por el momento es impredecible saber cómo evolucionará el conflicto de Ucrania. Pero por limitado que sea en el tiempo, su impacto en la economía va a ser duradero. Nuestro talón de Aquiles, en una emergencia semejante, es el abastecimiento de combustibles. Todavía no hemos podido encaminar un programa orgánico que tienda a ir reemplazando los derivados de hidrocarburos por energías renovables y así ir achicando la oleo-dependencia.
Desde hace más de tres décadas nos autoabastecemos de energía eléctrica con participación en dos de las hidroeléctricas más grandes del continente. Pero hasta ahora, pese a la gran disponibilidad de excedentes, la electricidad sigue siendo cara para el consumidor mientras que, por otro andarivel, preferimos venderla como un commodity.
Otras economías, incluso teniendo petróleo propio, están optando por la conversión a las renovables. Brasil, por ejemplo, tiene un mercado de vehículos eléctricos en crecimiento. Según la Asociación Brasileña de Vehículos Eléctricos (ABVE), en 2021 se vendieron 35.000 unidades y la tendencia a la expansión se sostiene. Colombia y México trabajan un programa en base a dos familias de vehículos sustentables: los cien por ciento eléctricos a baterías y los híbridos, opciones estudiadas para hacer menos traumática la transición del mundo del carbón hacia la energía solar, eólica o hidroeléctrica.
Es urgente que la conducción política haga una pausa en su obsesión electoralista y se aboque como prioridad al estudio de un plan estratégico que permita al país liberarse en forma gradual de la dependencia de los hidrocarburos. El transporte público y los vehículos familiares eléctricos muestran el camino. El ejemplo ya está aquí, si se quiere verlo. No es mucho pedir, ya que con su éxito, ganaríamos todos. En 10 años le ahorraríamos al país mas de US$ 15.000 millones.
Vale la pena intentarlo.