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EL CANDIDATO
jueves, septiembre 23, 2021
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Asunción

Sangre, sexo y lágrimas

Bajo esta trilogía hace 150 años William Randolph Hearst levantó un imperio utilizando el cuarto poder como plataforma.  El magnate de la prensa americana se valió de la prensa amarilla para manipular la opinión pública y llegar a tener gran influencia en la clase política. El ostentoso y fanfarrón millonario, expulsado de Harvard muy joven, decidió dirigir un diario al que le siguieron una larga cadena de una treintena de medios en todo los Estados Unidos. La fórmula, inédita para la época, dio origen al periodismo sensacionalista. Uno de los productos de mayor éxito en la sociedad de masas. Si a ello le faltaba algún condimento a una de las familias de alta sociedad neoyorquina, la nieta Patricia se hizo guerrillera y pasó a formar parte de una historia que hasta hoy despierta interés.

Podemos afirmar que luego de la imprenta de Gutenberg, uno de los grandes saltos tecnológicos y de democratización de las comunicaciones, ha sido internet. De su mano, también hemos ingresado sin pedirlo ni medirlo a “La sociedad del espectáculo” al decir de Vargas Llosa. La calidad de la información y su seriedad, muchas veces es puesta en tela de juicio, a pesar de los nuevos mecanismos de verificación de la veracidad de la misma.

En pleno siglo XXI, aquí en Paraguay y muy vigente, podemos ver esta trilogía diariamente. Vale aclarar que no todo es lo mismo, ni hay intención oculta en mi afirmación de generalizar al conjunto de medios. Solo poner de relieve la alianza no explícita que se da entre informadores y comentarios de lectores a atracciones de imagen, que van moldeando el imaginario colectivo en una serie interminable de noticias, imágenes, videos, etc. donde mueren los tres principios fundamentales del periodismo: informar, educar y entretener.

Sangre
Accidentes hay en todas partes del mundo y todos los días. Dedicarle páginas al estado calamitoso – luego del siniestro- del vehículo, moto, bicicleta o peatón, no creo que nos haga más cuidadosos ni respetuosos de las normas de tránsito. Por el contario, la calle es el lugar donde se ejerce la prepotencia y el peatón, un ciudadano de a pie al que rara vez le ceden el paso. Esto que es NORMAL en Asunción, es ANORMAL en otros países y pasible de multas. El hecho se ha naturalizado y cuenta con la complicidad del morbo de espectadores y toda una maquinaria multiplicadora de la información, que se encarga de llevarnos hasta el living de nuestra casa, luego de una pesada jornada de trabajo, los detalles de estas maravillas, el número de UTI requeridos y otra peculiaridad que ni siquiera la estadística registra como advertencia o reflexión de la estupidez humana sobre cómo nos matamos los unos a los otros.

Un toque de distinción lo otorgan las cámaras fijas en las urgencias de hospitales, donde no podemos alcanzar a oír la respiración del moribundo, pero a este paso, estamos cerca de obtener alguna declaración reconfortante o lapidaria. Otro capítulo por demás atrayente son las riñas, reyertas y peleas de fin de semana en reunión de amigos alcoholizados y que por lo general se registra el número de perforaciones, puñaladas y otros contusos que pueden declarar sobre causa y origen de tan interesantes disputas. ¿Será necesario esto para vivir?

Sexo
Durante el imperio Hearst, primaban los secretos de alcoba entre millonarios, las estrafalarias sumas de los divorcios de los riquillos y algún que otro suicidio de la vedette de moda. El ex presidente J.F. Kennedy se hizo célebre por sus secretos de alcoba y Bill Clinton no se quedó atrás con la pasante en la Casa Blanca. Naturalmente estos temas se veían reflejados en tapas de revistas muy sugerentes, pero aún con mucha ropa y esto no fue hace mucho tiempo. 

Cabe aclarar que no tiene la culpa el cambio climático en este tema. Las prendas se volvieron ligeras y transparentes y quien quiera ser famosa o famoso, deberá dejar al desnudo la mayor parte de su humanidad. Luego se transformará en una modelo que nunca conoció una pasarela, posteriormente en una influencer y puede que, con un poco de simpatía y glamour, sin pisar las aulas, llegue a conductora de televisión o a chica del clima (cargo estandarizado en toda América Latina) Nuevamente aclaro, hay excepciones. Lo extraño es que no hay chico del clima, ¿se dieron cuenta?

Nuestros políticos rara vez dejan trascender sus repentinos amores, salvo que salgan de su pudor familiar, obligatoriamente por un video que se filtró en plena sesión a vista y paciencia de los reporteros gráficos, o algún indiscreto vengador del calesitero que viralizó una fiesta privada, con personal del congreso. Y hablando de congresistas, pocas veces he podido comprobar la cantidad de comentarios que despertó a favor y en contra un senador pro familia, por el monto de la prestación alimentaria de su nuevo vástago. Dicho sea de paso, nació con 10.000 hectáreas bajo el brazo y otras menudencias. Difícilmente logre tanta atención en lo que le resta de su mandato.

No puedo dejar de lado la sesión de fotos en el Parque Guasu Metropolitano, el viernes 4 de octubre 2019. Nabila Ovelar, de la mano de la producción del diario de tapas desnudas, no tuvo mejor idea que posar solo con una capa, sobre las mismas cenizas en “periodo de enfriamiento” (Joaquín Roa-Ministro de Emergencia), para “saludar a los bomberos que para mí son héroes sin capa” y calentar la platea que diariamente se regodea con el morbo expuesto y un erotismo berreta de un machismo en decadencia, por lo menos en otras partes del mundo. ¿Será necesario esto para vivir?

 Lágrimas
Antes que nada, mi reconocimiento a familiares, amigas y conocidos de las más de 16.000 víctimas de la Pandemia. Lágrimas profundas de dolor y devastación ante tamaño infortunio. Creo que, desde los períodos de las dos guerras, nunca antes el Paraguay tuvo que atravesar tanto dolor y tristeza.

Este fenómeno se ha naturalizado con los reality show y hoy por hoy el que no sabe llorar ante la pantalla, no tiene mucho futuro. Los artistas siempre han llorado, es parte de su trabajo. Pero esto no ocurría con otras actividades. Hoy se gane o se pierda, los 90 minutos terminan en lágrimas. Por cambiar de club o ser bienvenidos, los millonarios del balón pie, dejan escapar su congoja siempre a flor de piel. ¿Será que la humanidad se volvió más sensible? ¿O antes se lloraba por lo trascendente e irremediable? Nos toca ser testigos de un drama como el de Afganistán y la suerte de sus mujeres y muy pocos presentadores llevaron su emoción al set. Pero si se trata de una niña o niño que cante, llora el protagonista, los padres, el jurado y hasta el que levanta el telón.

Se pasan imágenes dolorosas de nuestros indígenas abandonados, niñez en situación de calle, menores embarazadas sin futuro alguno y curiosamente, muy pocas lágrimas. Gente que se quedó sin una cama y otros dramas de la pandemia con funcionarios sin emocionarse, tomando el fenómeno como una cuestión global y la atrasada gestión de vacunas como una cuestión ajena. ¿No será necesario poner las cosas en la balanza, recuperar valores y sentido para que la vida merezca ser vivida?

El imperio periodístico de William Randolph Hearst, dio origen a un clásico del cine “El Ciudadano Kane” (imagen de portada).  Tal vez en esta época de resurgimiento del cine nacional, sería interesante ver aquello que necesitamos para vivir 150 años después, luego de la pandemia y todas sus secuelas.

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