martes, septiembre 8

Rusia ataca aeropuertos de Kiev antes de la misión de Trump

Los bombardeos rusos contra los aeropuertos de Kiev y Borispol, ocurridos horas antes de la llegada a Moscú de los emisarios estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner, expusieron la fragilidad de los esfuerzos de Washington para reactivar las negociaciones entre Rusia y Ucrania.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelensky, interpretó los ataques como una señal dirigida a la diplomacia estadounidense. Según el mandatario, Moscú buscó impedir o condicionar un eventual desplazamiento aéreo de los representantes de Estados Unidos hacia Ucrania, donde tienen previsto reunirse con funcionarios ucranianos el domingo.

“Está claro que estos ataques rusos contra los aeropuertos son una reacción a las conversaciones”, sostuvo Zelensky, quien aseguró que Rusia actuó de manera deliberada ante la posibilidad de que los enviados estadounidenses utilizaran alguno de esos aeropuertos.

Los objetivos atacados fueron el aeropuerto internacional de Kiev, también conocido como Igor Sikorski o Zhuliani, y el aeropuerto de Borispol, situado unos 30 kilómetros al este de la capital. Ambos permanecen cerrados a la aviación civil desde el comienzo de la invasión rusa a gran escala, en febrero de 2022.

Una tregua sin respuesta

La ofensiva ocurrió un día después de que Zelensky anunciara una suspensión unilateral de los ataques ucranianos contra territorio ruso mientras durara el desplazamiento de la delegación estadounidense.

La medida buscaba crear condiciones de seguridad para una misión diplomática que Washington presenta como una nueva oportunidad para avanzar hacia el final de la guerra. Kiev había planteado, además, que Moscú adoptara una medida similar.

La respuesta rusa no fue una pausa militar. Los ataques nocturnos incluyeron drones de fabricación iraní, conocidos como Shahed, que Rusia utiliza de manera recurrente contra objetivos ucranianos.

“Mientras Estados Unidos despliega diplomacia en Kiev, Rusia responde con Shahids ruso-iraníes”, escribió Zelensky.

Pese a ello, el presidente ucraniano afirmó que Kiev no modificaría su posición frente a la misión estadounidense. También sostuvo que cualquier incidente que afecte a los enviados de Washington durante su permanencia en Ucrania deberá ser asumido por Rusia.

La contradicción es evidente: mientras la diplomacia intenta abrir un espacio para el diálogo, las operaciones militares continúan y ambas partes conservan capacidad para ampliar la confrontación.

La misión de Washington

Witkoff y Kushner llegaron el sábado a Moscú a bordo de un avión especial procedente de Estados Unidos. La aeronave aterrizó en el aeropuerto de Vnúkovo después de ingresar al espacio aéreo ruso desde Finlandia.

La visita ocurre menos de dos semanas después del viaje a Moscú del director de la CIA, John Ratcliffe, y representa otro intento de la administración de Donald Trump por mantener abiertos los canales de comunicación con el Kremlin.

Trump presentó la misión como parte de su estrategia para terminar el conflicto. “Llevan consigo una propuesta para poner fin a la guerra”, afirmó.

El mandatario estadounidense también consideró “muy probable” que pudieran producirse avances. En Moscú, sin embargo, el mensaje fue menos optimista. Funcionarios del Kremlin señalaron que todavía no existen condiciones concretas para detener la guerra y redujeron las expectativas sobre los resultados de las reuniones.

La diferencia de tono refleja uno de los principales obstáculos del proceso: Washington busca convertir el contacto diplomático en negociaciones, mientras Moscú mantiene abiertas sus operaciones militares y condiciona cualquier acuerdo a sus propios términos.

Una negociación incierta

El proceso de diálogo entre Rusia y Ucrania permanece interrumpido desde febrero, cuando comenzó la operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán. La posibilidad de reanudar las conversaciones en septiembre existe, pero las perspectivas de alcanzar un alto el fuego inmediato siguen siendo limitadas.

El jefe del Estado Mayor ucraniano, Kyrylo Budanov, señaló que las conversaciones podrían retomarse este mes, aunque estimó que las condiciones para un cese del fuego difícilmente estarían dadas antes de la primavera de 2027.

En ese escenario, los ataques contra los aeropuertos adquieren una importancia que trasciende el daño material. Para Kiev, representan una advertencia sobre los riesgos que enfrenta cualquier intento de establecer una ruta segura para la diplomacia. Para Moscú, muestran que las operaciones militares continúan incluso mientras mantiene contactos con Washington.

Zelensky anticipó que Ucrania revisará sus operaciones en el espacio aéreo ruso como respuesta a los ataques. Pero también aseguró que Kiev mantendrá las condiciones necesarias para que los emisarios estadounidenses puedan desplazarse con seguridad.

“Ucrania está interesada en acercar la paz”, afirmó.

El problema para la diplomacia estadounidense es que esa voluntad debe coexistir con una guerra que todavía determina los movimientos de ambas partes. Putin ha expresado disposición a recibir a los enviados de Trump, pero descartó por ahora una cumbre tripartita con Ucrania y Estados Unidos, salvo que el encuentro tenga como objetivo la firma de un acuerdo de paz definitivo.

La misión de Witkoff y Kushner llega, por tanto, en un momento en que la diplomacia vuelve a ocupar el centro de la escena, pero sin desplazar al conflicto militar. Los aeropuertos de Kiev siguen cerrados a la aviación civil y las delegaciones extranjeras continúan llegando por tierra desde países europeos.

La seguridad de los enviados estadounidenses será una de las primeras pruebas de este nuevo intento de negociación. Si el desplazamiento entre Moscú y Kiev se concreta sin incidentes, Washington habrá conseguido mantener abierto un canal diplomático. Si los ataques continúan, la misión enfrentará desde el comienzo el mismo dilema que ha marcado el conflicto: negociar mientras la guerra sigue.