viernes, mayo 8

Ríe/Félix Giménez

Hay momentos en los que la risa parece un lujo, un acto lejano. Precisamente ahí es
donde adquiere más valor. Reír en medio del cansancio, del caos o de la incertidumbre
no es negar el peso de ser uno mismo, sino recordarnos que no somos solo eso. Es
un acto de resistencia suave, una manera de decir: “Todavía podemos encontrar un
destello de luz”.

La risa es uno de los gestos más simples y, al mismo tiempo, más poderosos que
tenemos. No necesita talento, dinero ni un motivo extraordinario. A veces basta un
recuerdo inesperado o incluso un pensamiento absurdo para que aparezca y rompa,
aunque sea por un momento, lo gris del mundo. Reír no soluciona todos los
problemas, pero sí abre una pequeña ventana por donde entra aire fresco cuando la
vida se vuelve dura.

Reír es algo profundamente humano, nos ayuda a conectar. Cuando reímos con
alguien, por un instante desaparecen las diferencias, las tensiones y las máscaras. Es
un lenguaje universal que atraviesa edades y culturas. Incluso en los días difíciles, una
risa breve sirve para recordarnos que seguimos vivos, que todavía hay espacio para la
felicidad.

De ciertas formas es un puente hacia la creatividad. Cuando nos permitimos jugar,
exagerar o ver lo absurdo del mundo, la mente se afloja y surgen nuevas ideas. Reír
nos devuelve la flexibilidad, nos saca del pensamiento rígido y nos invita a mirar desde
otra perspectiva.

 

Entonces riamos cuando podamos, cuando lo sintamos necesario, incluso cuando sea
apenas un suspiro disfrazado. Cada risa es un pequeño triunfo sobre la realidad del