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EL CANDIDATO
jueves, septiembre 23, 2021
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Asunción

Reformar el Código Electoral
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Típica y estéril polémica a las puertas de una elección

Esto ocurrió tiempo atrás, en las postrimerías del “ancient regime” caído en 1989. Salía del despacho presidencial del Palacio de López el nuevo presidente del entonces IBR. Los periodistas le preguntaron cual era su experiencia personal en materia de reforma agraria. “Ninguna pero tan difícil no ha de ser…” dijo el funcionario en un arrojado sincericidio. Ya pasaron mas de 30 años de aquel episodio. Y para probar que el tiempo no cura ciertas cosas, un recién electo parlasuriano proclamaba en 2018 que uno de sus deberes esenciales como legislador era hacer cumplir la Constitución del Mercosur, es decir, algo que no existe. La diferencia entre el bizarro presidente del IBR y el despistado parlasuriano es que el primero sí podría producir estragos al frente de un organismo clave del Estado, mientras que el segundo, al no servir para nada su función, sólo limitaría su daño a un gasto inútil a cuenta del tesoro público.

¿Por qué traemos a colación estos dos casos? Porque nos invitan a revisar en profundidad los procedimientos mediante los cuales se otorgan cargos públicos, unos por simple designación y otros por elección en las urnas. Hasta ahora, el sistema es herramienta de la baja política. Los cargos corporativos -senado, diputados, juntas municipales- se manejan por el método de la manada, uno manda y el resto obedece levantando la mano. En estos casos, un burro obediente es más útil que un inteligente díscolo, siguiendo el antiguo paradigma de que ordenar bajo consigna es más rápido, barato y sobre todo seguro, que persuadir con argumentos.

Este esquema ha sido puesto en peligro por la aparición de las listas abiertas en reemplazo de las listas sábana. Muchos “caudillos” de la vieja escuela andan refunfuñando por los rincones y reclamando la vuelta al viejo sistema: listas impresas en papel y cerradas a cal y canto. El voto electrónico, alegan, no es seguro. Hay que volver a la papeleta. Claro, las listas abiertas favorecen el transfuguismo, fenómeno que se acentúa con todas las facilidades que hoy ofrecen al ciudadano los dispositivos informáticos.

Un instrumento es malo o bueno según el talante e intenciones de quien lo utilice. No es necesario cambiar la herramienta. Lo que necesitamos es abandonar la política como puerta de acceso a la caja de caudales del Estado, para convertirla en actos de servicio al ciudadano.

Difícil, pero no imposible.

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