lunes, febrero 2

Reflexiones oportunas

En este planeta de muchas personas con sus compromisos, orígenes, experiencias y formaciones desde siempre existieron, existen y existirán ideas que valen la pena tener en cuenta. Cómo una que hace poco me tocó leer y es del sociólogo Manuel Castells que dice que; “El mundo está en un proceso de autodestrucción”, el español reclama la necesidad de una mayor espiritualidad en tiempos de crisis profunda.  Castells es uno de los sociólogos más citados del mundo, conocido principalmente por su análisis de la sociedad de la información, la comunicación y la globalización.

 

La idea de la “autodestrucción” se fundamenta en la creciente violencia, la falta de confianza en las instituciones y la incapacidad de la política para abordar problemas globales. La digitalización, aunque ha facilitado la comunicación, también ha fomentado la fragmentación de las identidades y la polarización social. Castells advierte que es fundamental encontrar un equilibrio entre tecnología y espiritualidad. La búsqueda de espacios de libertad y autonomía personal se hace cada vez más necesaria en un mundo caótico. La religión y otras formas de espiritualidad, aunque a menudo desestimadas, emergen como contrapesos ante la deshumanización provocada por el avance tecnológico desenfrenado.

 

La obra del español es extensa, pero se puede agrupar en tres grandes etapas o temas principales;

1. «La Era de la Información»

2. La Comunicación y Poder

3. La Sociología Urbana y Otros Temas

Lecciones a aprender

La obra de Manuel Castells no sólo sirve como un diagnóstico de la situación actual, sino también como una invitación a imaginar nuevas formas de organización social en un mundo interconectado pero fragmentado. En medio de la crisis, su análisis ofrece tanto un desafío como una esperanza para replantear el rumbo de la humanidad que debemos tomar cómo una llamada de atención a nuestra actitud y consciencia que actualmente según Castells nos están llevando a la autodestrucción. Algo desagradable cómo comunidad del barrio, ciudad, país, continente y mundo; el que seamos responsables de nuestro fin. Es cómo que no aprendiéramos de experiencias pasadas cómo guerras y/o epidemias letales.

A horas de festejar de nuevo el nacimiento de Jesús es oportuno el pensar en la importancia de la vida no para un sector privilegiado de la sociedad sino para todos por igual, cómo lo quiso “el nazareno” alguna vez ayer antes de terminar crucificado o autodestruido por personas de su misma condición, pero no similar forma de pensamiento.