lunes, mayo 25

Realpolitik: incomodidad necesaria / Félix Giménez

No debe de extrañarnos que a muchos les siga costando entender y aceptar la
realidad de la realpolitik. Pues se trata de ese enfoque político que prioriza la
practicidad y el cálculo de poder sobre los ideales y morales del mundo. A otros ni les
conviene entenderla pues exige un desasimiento emocional que choca con todas sus
convicciones.

Reconocer su existencia implica admitir que, en el ámbito internacional e incluso en el
nacional, los principios ceden ante los intereses. A pocos les es fácil reconocer que un
estado democrático se pueda aliar con un régimen de puño de hierro, sea por
estabilidad energética, económica o cultural. Para el ciudadano de a pie, educado en
narrativas de buenos y malos, es un ejercicio muy difícil y desalentador la realpolitik.
Hoy más que nunca debemos darnos cuenta de que esta incomprensión tiene un
coste muy alto. Si uno no entiende lo básico de los mecanismos fríos de poder, no se
daría cuenta de cuales políticas responden a sus intereses o necesidades. Eso no
evita que critiquemos la realpolitik ajena mientras celebramos la nuestra aunque no la
nombremos como tal.

Por eso y mucho más es que se trata de una incomodidad necesaria. Debemos
entonces ser conscientes que la moral en la política es un horizonte y no un punto de
partida. Abrazar la realpolitik no es fusionarse directamente a la amoralidad; es solo
ponerse las lentes necesarias para vivir y sobrevivir en este mundo complejo, donde
las elecciones no son entre lo bueno y lo malo, sino entre lo malo y lo peor.