Es un verdadero suertudo aquel que hasta hoy día no ha perdido por accidente o por
robo algún teléfono inteligente de su propiedad. Pareciera que en el mundo de hoy es
definitivamente una extensión más del cuerpo y de la mente. Guardamos en el celular
no solo los recuerdos con los seres queridos, sino nuestros datos personales, gustos y
pensamientos de carácter privado. Resulta normal que cualquiera perdería la cabeza
si no encuentra su teléfono y no recuerda donde lo vio por ultima vez.
Antes de la llegada de los smartphones, extraviar un dispositivo móvil o ser despojado
de su pertenencia debido a la inseguridad de siempre, claro que dolía, pero no al nivel
actual. Perder un smartphone hoy en día bajo las circunstancias que fueran, resulta
más perjudicial por demasiadas razones. Somos conscientes de que nuestros
celulares almacenan contactos, correos electrónicos, mensajes, fotos y videos. Si esos
datos llegaran a caer en manos incorrectas, podrían ser usados en nuestra contra.
Tanto jóvenes como adultos acceden a sus cuentas bancarias desde su teléfono móvil,
pueden revisar informaciones de sus tarjetas de crédito o débito. Si el teléfono resulta
robado o extraviado, quien lo encuentre y tenga malas intenciones, podría acceder a
esas cuentas y llegar a hacerse pasar por el propietario para robar no solo el
dispositivo sino también el dinero del usuario. Menos mal que las aplicaciones
financieras cuentan con mecanismos de seguridad, pero parecieran no ser suficientes.
La pérdida de un smartphone es un inconveniente que afecta la productividad del
individuo, se utilizan para no solo para comunicarse o entretenerse, a muchos les es
su herramienta de trabajo principal. Ni hablemos del costo de reemplazo que suelen
ser muy caros, sea o no un modelo de alta gama. En el milagroso caso de que uno
recupere su celular tras un tiempo, este podría ya no ser seguro, si alguien hostil lo
obtuvo, bien pudo haber instalado algún programa maligno o virus que comprometen a
los datos.
Sin duda alguna, los celulares han pasado a ser una parte nuestra, al grado de que
perder uno, prácticamente equivale a perder el alma, con todas las consecuencias
graves que eso implique. Solo nos queda ser cuidadosos y tomar las precauciones
necesarias para proteger nuestra privacidad de los malintencionados que atenten no
solo contra nuestra seguridad sino también contra la de nuestros amigos y familiares.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
