Estar preso es el estar privado de la libertad física en un centro de reclusión (como una cárcel o prisión) por orden de una autoridad judicial, ya sea como medida preventiva mientras se investiga un delito o como cumplimiento de una pena tras ser condenado.
Nunca he visitado una prisión, pero imagino que no ha de ser el lugar más cómodo para vivir, porque perder la libertad es cómo perder uno de nuestros sentidos que son los mecanismos biológicos que nos permiten percibir, interpretar y responder al mundo que nos rodea. Su función principal es actuar como traductores: toman estímulos físicos o químicos del exterior (y del interior) y los convierten en impulsos eléctricos que el cerebro puede procesar.
Para aprender algo, para ubicarnos en el tiempo, espacio y entornos con los que nos toque interactuar, que pueden estar o están con dispositivos que dominan sus ojos y oídos. Los mismos existen no para ser dominados por cosas sino para ayudarnos a existir en un mundo en el que muchas personas en discreción van perdiendo la libertad de usar sus sentidos para pensar o sentir lo que deben en un espacio y momento determinado.
Es como si las industrias han estudiado cuales son los gustos básicos que tenemos para ver, escuchar, sentir o degustar y han desarrollado dispositivos, vestimenta, accesorios, musicales, series y hasta películas para mantenernos conectados o “presos” por teléfonos ““inteligentes”, que se han vuelto en una nueva forma que tenemos de auto espionaje, porque voluntariamente damos a través de los mismos información privada no solo a “amigos”, seguidores o suscriptores sino a cualquiera allí afuera que tenga acceso a internet.
Aprender a convivir
Con el nuevo guarda o carcelero” de nuestra época que es el smartphone, cuyas funciones y diseño también han cambiado en el tiempo para captar a consumidores. Que somos capaces de endeudarnos por tener un dispositivo específico, que nos puede servir o no si controlamos al “bicho”, comida o lo que nos lleve a buscar ver, oír o sentir y no “perdamos nuestra libertad” por una cosa que nos robe la atención que debemos tener por nuestros estudios, trabajo, familia o cualquier ser humano o ser vivo que siempre son más importante que cualquier cosa.
La libertad no es solo la ausencia de restricciones físicas o legales; es la condición fundamental que permite el desarrollo pleno del potencial humano. Cuando un individuo o una sociedad gozan de libertad, se activan una serie de ventajas biológicas, psicológicas, sociales y filosóficas que transforman por completo la experiencia de vivir, un viaje que podemos aprovechar no solo para hacernos de cosas, sino para hacerlas y sean útil no solo para nosotros sino otras personas que al existir libres de cualquier cosa, institución, persona o tarea podemos;
- Desarrollar la identidad y autenticidad: La libertad permite a la persona explorar sus propios intereses, valores y deseos. Sin la imposición externa, el individuo puede construir una identidad genuina en lugar de una máscara de conformidad.
- Autorrealizarnos y darle sentido a nuestra vida: Como argumentaba Viktor Frankl, la capacidad de elegir el propio camino y la actitud ante las circunstancias es lo que da significado a la existencia. La libertad proporciona el terreno para buscar un propósito, lo que reduce la frustración existencial y la apatía.
- Tener salud mental y reducir el estrés crónico: El control percibido sobre la propia vida (autonomía) es uno de los factores más protectores de la salud mental. Saberse dueño de las propias decisiones reduce la indefensión aprendida, la ansiedad y los niveles de cortisol (la hormona del estrés) asociados al sometimiento o al confinamiento.
Aquí viene el uso de la consciencia que es la capacidad de darse cuenta de uno mismo y el entorno. Es lo que te permite experimentar el mundo en primera persona, tener pensamientos, sentir emociones y saber que estás vivo.
El filósofo estadounidense Thomas Nagel la describió de una forma muy precisa: un ser es consciente si hay algo que se siente ser ese ser. Por ejemplo, hay una experiencia interna cuando muerdes una manzana o sientes frío; una computadora puede procesar esos datos, pero no «siente» nada al hacerlo.
Cómo seres humanos sabios u “homos sapiens”, tenemos la responsabilidad de cuidar y cuidarnos de no perder la para satisfacer un capricho fugaz de tener algo sin utilizarlo bien para lo que haya sido creado y luego dejarlo en un rincón de nuestra habitación, oficina, cocina o donde existamos en un momento determinado de nuestras vidas.

Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
