Un tema que en los últimos años ha generado debates y discusiones en la sociedad
actual, es lo paradójico que resulta el progreso de nuestra civilización. Cada vez que
damos un gran paso en cuanto a la tecnología y mejoramos de alguna forma nuestra
calidad de vida, al mismo tiempo aumentan nuestros problemas y desafíos. Ese
progreso, que debía de traer una mayor fuente de ingresos, se llega a convertir en otra
fuente de estrés. ¿Avanzamos a un futuro mejor o solo cambiamos de problemas?
Esta paradoja se manifiesta de varias formas en la actualidad. Por un lado, la
tecnología ha hecho que podamos acceder a descomunal cantidad de información y
estar en contacto con gente de todo el mundo. Sin embargo, esto ha creado una mala
costumbre de instantaneidad y comparación, que solo lleva a la ansiedad y la
depresión. Aparte de que todo gran avance ha provocado pérdida de empleos y no ha
podido remediar la desigualdad económica. ¿Estamos creando un futuro más justo y
equitativo?
Algo de lo que poco se habla de esta paradoja, es la relación entre el crecimiento
económico y el bienestar social. Se suele asumir que un mayor PIB es igual a una
mejor calidad de vida. No obstante, no siempre es el caso. Muchas veces el
crecimiento económico viene de la explotación de recursos naturales y la degradación
del medio ambiente. Lo que nos hace cuestionar si el aumento económico es un
objetivo que perseguir, cuando al final nos quedamos sin boques y con ríos
contaminados.
Sin duda, esta paradoja es un asunto complejo que requiere abordarlo con tanto
reflexión profunda y autocrítica. Debemos cuestionar nuestras afirmaciones sobre el
progreso y crecimiento económico, pensar acerca de las consecuencias de nuestras
acciones. Únicamente de esa forma superaremos la paradoja del progreso, y
podremos avanzar hacia un mundo próspero, justo y sostenible para todos.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
