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EL CANDIDATO
jueves, septiembre 23, 2021
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No hay ningún resentimiento justificado

Los resentimientos te dan la excusa para regresar a viejos patrones de pensamiento. No hay nada ni nadie que merezca la pena albergarlos, de ningún modo. Sea lo que sea que te hayan hecho, la falta de perdón no se justifica ante nada. Es como tomar veneno y esperar que el otro muera.

Primero que nada, debes erradicar la culpa, dejar de sentirte víctima, darte cuenta y reconocer que eres el único responsable de lo que te sucede.

Un proverbio chino dice: “Si vas a tratar de vengarte, debes cavar dos tumbas”. Cuando vives en los niveles de consciencia más bajos, constantemente vas a encontrar motivos para sentirte ofendido y acumular rencor. La ofensa es como un “regalo” que se te ofrece, si no quieres, no lo aceptes, ya que, si no lo haces, no te afectará. No recibas lo que no te pertenece o no concuerda contigo. Conviértete en una persona que no permite que nada ni nadie la ofenda. Tu deseo debe ser sentirte en paz, no tener la razón. No sentirte ofendido significa que tienes el control de lo que sientes, que tú eliges como sentirte y que eliges lo mejor para ti: estar en paz. Deja al otro con sus propias guerras.

Cuando te sientes ofendido, estás practicando el juicio. Juzgas diciendo que esa persona es mala, desordenada, inapropiada, lenta, etc. Cuando juzgas a otro, no estás definiéndolo a él, te estás definiendo a ti mismo como alguien que necesita juzgar. Cuando dejas de juzgar y simplemente te conviertes en observador, experimentas la paz interior que te hace sentir libre de las energías negativas, el resentimiento y te permite vivir una vida plena (Wayne Dyer).

Tu eres como eres y los demás son como son. No te irrites ni te ofendas más, queriendo que los demás sean de otra manera. No necesitas cambiar a los demás, sólo debes cambiarte a ti mismo. Claramente no estoy hablando de una justificación de situaciones que atentan contra tu vida o que simplemente ya tocan tu dignidad (sea cual fuere el límite que tú mismo hayas impuesto), eso sería masoquismo. Me refiero a no permitir que la ofensa te dañe y si la otra persona ya atenta contra lo mencionado, por supuesto que es tu deber como ser humano adulto, defenderte y estar atento o alejarse de esas personas si ves que no están dispuestas a cambiar.

El tema aquí es la ofensa “cotidiana”, la que encontramos en personas con las que tratamos habitualmente. De nuevo, sin ánimo de justificar, hay mucha gente con las emociones distorsionadas, en mayor o menor grado y que tienen sus propias luchas internas. Sus ofensas (o sus intentos de ofender), no son más que un reflejo de lo enfermos que están emocionalmente. No les permitas contagiarte. “Ofende quien puede, no quien quiere”.

Leti Martínez Bogarín
Leti Martínez Bogarín
La magia de tu corazón | Mentora y escritora

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