Hoy en día tenemos de alguna manera todas nuestras respuestas con una simple
búsqueda en internet, no hay pregunta que pueda escapar, pero es evidente que eso
mismo demuestra que no somos capaces de procesar demasiada información. A
veces es refrescante admitir que no sabemos algo, la presión por tener siempre la
solución a cada asunto es algo agotador y en muchos casos resulta innecesaria.
Admitir que somos ignorantes en ciertos temas no es debilidad, es ser honestos con
nosotros mismos.
Muchas preguntas pueden esconderse detrás del miedo a hacer el ridículo. Sin
embargo, ir en contra de la corriente puede ser el primer paso para descubrir la
verdad. Son incontables los avances científicos y sociales que nacieron de la
afirmación: “No lo sé, pero quiero averiguarlo”. La curiosidad es el motor del progreso
humano; reconocer que no tenemos todas las respuestas es el punto de partida para
avanzar.
En redes sociales, muchos pueden parecer expertos. Es bien sabido que los
algoritmos premian la seguridad más que la veracidad. Este hecho crea una ilusión de
conocimiento y sabiduría que puede resultar engañosa. Reconocer la ignorancia de
uno mismo no solo es admirable, sino también una forma de resistencia contra la
desinformación. ¿Cuántos problemas se evitarían si más personas dijeran “no lo sé”
con naturalidad?
Ese “no lo sé” tiene un poder liberador. Permite a uno poder soltar la carga de tener
que controlarlo todo y aceptar que cada aprendizaje es un proceso que lleva su
tiempo. Esta vida es demasiado corta como para pretender que lo sabemos todo y que
no existen límites. Entonces será mejor que empecemos a celebrar las preguntas sin
respuestas si queremos tener algo de paz mental.
Al final, preguntar sin temor a equivocarnos y admitir que no sabemos todo, resulta
hasta original. Puede servir de ejemplo positivo para el resto de la sociedad, invitando
a ser más honestos y colaborativos. Los verdaderos expertos en sus respectivos
temas lo son porque tuvieron curiosidad, pero no nacieron con esa información
cargada en sus genes. Aun así, hay que aprender a aceptar el hecho de que no somos
perfectos y que incluso los genios pueden equivocarse.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
