martes, mayo 5

Monstruo / Félix Martín Giménez Barrios

Vuelvo a recalcar que yo no seré ningún psicólogo o psiquiatra, pero ya hace una
semana, ocurrió un crimen atroz que me puso a pensar en lo complicado de la mente
humana. La noticia llegada desde Argentina dio la vuelta al mundo. Varios medios
internacionales siguen lanzando notas respecto al caso de la niña que fue asesinada
por dos menores de edad, en las afueras de la ciudad de La Plata. Los comentarios en
las redes sociales del vecino país, expresaban rabia, tristeza como apoyo a los padres
y familiares de la víctima.

Ya desde hace un tiempo que se pronuncian quienes están a favor de reducir la edad
de imputabilidad por delitos penales, también están quienes llegan a mas extremos y
hablan abiertamente a favor de la pena de muerte para ciertos casos, para castigar a
quienes consideran no tener ningún remedio, quienes ya no son vistos como humanos
sino como monstruos sin nombre. El terrible hecho me hizo preguntar entonces, ¿qué
hace a alguien un monstruo? Considero que la respuesta es más compleja de lo que
parece.

Se que resultaría lo normal el etiquetar a alguien como monstruo cuando ese individuo
ha cometido actos inhumanos. Aun así, ¿qué ocurre con quienes cometen actos
horribles, pero no fueron impulsados necesariamente por pensamientos macabros?
¿Cómo juzgamos a quienes han cometido hechos terribles, guiados por la
desesperación o ignorancia? Como ejemplo, podríamos pensar en los soldados que,
en batalla su deber es cegar la vida de otros, siguiendo ordenes de sus superiores.
¿Son entonces monstruos por naturaleza, o solo un producto de las circunstancias
extremas?

Podríamos llegar a la conclusión de que nadie, o al menos la mayoría de las personas
no son necesariamente buenas o malas por naturaleza, todos estamos en un
constante cambio de humor y es normal como necesario. Entonces, la respuesta más
sencilla para definir a alguien como monstruo, no es necesariamente el referirse a
alguien que ya ha caído completamente en la locura, los monstruos de verdad son
quienes son totalmente consientes de lo que su mal causa en terceros. Alguien que ha
perdido la capacidad de empatizar, de sentir dolor y compasión, ese alguien es un
monstruo.

Para desgracia nuestra, muchos de ellos salen cada día ahí afuera y se camuflan en la
sociedad, pasando desapercibidos muchas veces. Resulta complicado muchas veces
el darnos cuenta de su presencia, toman distintas formas y tonos, y cuando menos lo
esperas te agarran desprevenido con intenciones de perjudicarte. No podemos bajar la
guardia, la mejor forma de combatir a esos monstruos es evadirlos y cuando la
situación lo requiera, combatirlos y castigarlos, le hacemos un favor a la sociedad al
señalarlos, ese simple acto, algunas veces, los monstruos no pueden soportarlo.