La preocupación es la acción y efecto de preocuparse, siempre, o casi siempre estamos preocupados por nuestros hijos, nietos, sobrinos o cualquier menor de edad que conozcamos porque cómo todos en el mundo son vulnerables a cualquier riesgo o amenaza a su salud.
Desde la perspectiva de la neurociencia y la psicología, la preocupación desencadena una serie de efectos integrados en el cerebro, el cuerpo y el comportamiento:
1. En el cerebro y la mente (Nivel neurocognitivo):
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Hiperactividad de la red por defecto (Default Mode Network): La mente entra en un bucle de rumiación y simulación de escenarios catastróficos («¿qué pasaría si…?»).
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Secuestro atencional: Consume una parte considerable de la memoria de trabajo y de las funciones ejecutivas de la corteza prefrontal. Esto reduce la capacidad de concentración, la toma de decisiones clara y la resolución real de problemas.
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Activación del circuito del miedo: Mantiene una estimulación continua pero moderada de la amígdala, lo que genera un estado de alerta latente y mayor sensibilidad ante cualquier estímulo ambiguo.
2. En la biología y el cuerpo (Nivel fisiológico):
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Activación sostenida del sistema simpático: Aunque la amenaza sea sólo mental, el cerebro activa el sistema de «lucha o huida», liberando pequeñas dosis constantes de cortisol y adrenalina.
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Tensión muscular crónica: Suele manifestarse en rigidez en la mandíbula, cuello, hombros o espalda, ya que el cuerpo se prepara físicamente para defenderse.
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Impacto gastrointestinal: La alteración del eje cerebro-intestino puede provocar problemas digestivos como acidez, gastritis, colon irritable o cambios en el apetito.
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Afectación del sueño: Dificulta el inicio del sueño (insomnio de conciliación) o causa microdespertares nocturnos, ya que el sistema nervioso no logra entrar en un estado de calma parasimpática.
3. En la conducta y las emociones:
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Fatiga mental y agotamiento: Pensar repetitivamente en problemas sin resolver consume tanta energía metabólica como el esfuerzo físico prolongado.
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Conductas de evitación: Puede llevar a la procrastinación o a evitar situaciones, conversaciones o decisiones importantes por miedo a los resultados anticipados.
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Ansiedad anticipatoria: Si no se gestiona, la preocupación episódica puede evolucionar hacia un estado de ansiedad generalizada.
Nuestro mundo está cargado de muchas intimidaciones 24/7 hacia todos, lo que a su vez sugiere vivir atentos y con cuidado hacia cualquier riesgo que se nos presente, los seres humanos hacemos algo natural en determinados momentos de su día; que es el comer o alimentarnos, siempre depende de nosotros el tener en cuenta la cantidad y calidad de nuestros “bocados” para evitar complicaciones con nuestra salud, que siempre es la mejor amiga de nuestra vida, que no necesita solo de cosas que nos hagan lucir o hacer sentir bien o cómodos.
Graves preocupaciones
La obesidad o sobrepeso es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial caracterizada por una acumulación excesiva o anormal de grasa corporal que representa un riesgo para la salud.
La obesidad es peligrosa porque no se trata de una simple acumulación de peso, sino de una enfermedad sistémica que altera profundamente el funcionamiento del organismo. es un problema que no solo presentan las personas adultas sino hoy día también los niños. Y algunas inquietantes cifras indican que siete de cada diez paraguayos presentan sobrepeso u obesidad. Yentre algunos problemas que trae consigo podemos citar;
1. Complicaciones metabólicas y endocrinas
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Diabetes tipo 2 e hiperinsulinemia: El exceso de ácidos grasos en sangre genera resistencia a la insulina, impidiendo que la glucosa ingrese a las células y sobrecargando el páncreas.
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Dislipidemia: Alteración de las grasas sanguíneas, caracterizada por niveles elevados de triglicéridos y colesterol LDL («malo»), junto con una reducción del colesterol HDL («bueno»).
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Síndrome metabólico: Coexistencia de hipertensión, glucosa elevada, grasa abdominal y lípidos alterados, lo que multiplica el riesgo de eventos cardiovasculares.
2. Complicaciones cardiovasculares
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Hipertensión arterial: El aumento de masa corporal exige mayor gasto cardíaco y provoca rigidez en los vasos sanguíneos.
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Enfermedad coronaria e infarto de miocardio: La acumulación de placa en las arterias reduce el flujo sanguíneo al corazón.
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Accidente cerebrovascular (ACV) e insuficiencia cardíaca: Mayor predisposición a la formación de coágulos y al agotamiento del músculo cardíaco por sobrecarga de trabajo.
3. Complicaciones mecánicas y estructurales
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Osteoartritis y desgaste articular: El sobrepeso constante acelera el deterioro del cartílago en articulaciones de carga como rodillas, caderas y columna lumbar.
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Apnea obstructiva del sueño: El depósito de grasa en el cuello y vías respiratorias superiores colapsa la garganta al dormir, provocando pausas respiratorias, somnolencia diurna y sometimiento del corazón a hipoxia.
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Insuficiencia venosa y edema: Dificultad en el retorno venoso de las piernas, provocando varices, hinchazón y riesgo de trombosis.
4. Complicaciones digestivas y hepáticas
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Enfermedad del hígado graso no alcohólico (EHGNA): La grasa acumulada en los hepatocitos puede progresar a inflamación (esteatohepatitis), fibrosis y cirrosis hepática.
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Reflujo gastroesofágico (ERGE) y litiasis biliar: La presión intraabdominal favorece la acidez constante y la formación de cálculos en la vesícula.
5. Riesgo oncológico
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La Organización Mundial de la Salud (OMS) asocia la inflamación crónica por tejido adiposo y los niveles elevados de insulina/estrógenos con mayor riesgo de desarrollar al menos 13 tipos de cáncer (incluyendo colon, mama en posmenopausia, endometrio, páncreas, vesícula, riñón y esófago).
6. Salud mental y esfera psicosocial
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Trastornos del estado de ánimo: Alta prevalencia de depresión, ansiedad y rumiación.
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Bucle emocional y alimentación compulsiva: Muchas personas recurren a alimentos hipercalóricos como mecanismo inadecuado de regulación emocional, generando culpabilidad y mayor ganancia de peso.
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Estigma social y gordofobia: Experimentación de rechazo, discriminación laboral o social y aislamiento, lo que deteriora la autoestima y dificulta la búsqueda de atención médica oportuna.
Y son dilemas que a su vez no solo lo presentan los adultos y personas mayores, sino también lo pueden desarrollar nuestros menores de edad si no son educados de los problemas que pueden tener los “gordos” por comer mal.

Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
