domingo, febrero 1

Máscara / Félix Martín Giménez Barrios

Yo no seré ningún doctor o algún experto en psicología, pero tras leer por accidente
sobre lo que voy a relatar, considero que, de alguna manera, todos nos encontramos o
nos hemos encontrado expuestos a este síndrome, uno que aterra a muchos y con
bastantes argumentos como para temerlo, aunque algunos capaz ni lo consideren algo
peligroso para la sociedad y su orden, se trata del llamado “síndrome del impostor”.

Antes que nada, ¿Qué es un síndrome? Según la ciencia, un síndrome es un conjunto
de síntomas y señales que aparecen al mismo tiempo, caracterizando una condición
médica, psicológica que tiende a presentar algún comportamiento en específico. En el
ámbito de la salud, se entiende que síndrome y enfermedad son conceptos
relacionados, pero no son lo mismo.

Un síndrome no es sinónimo de enfermedad necesariamente, una enfermedad es una
condición medica especifica, los síndromes son un patrón de síntomas que pueden ser
causados por una variedad de factores, que van desde lo genético, lo ambiental,
infeccioso, psicológico y neurológico, pasando por lo hormonal y nutricional. El caso
del síndrome del impostor va relacionado con la mente, ósea lo psicológico.

Básicamente se refiere a esa condición en la que uno no disfruta nada de sus éxitos.
En algún momento de nuestra estancia aquí en la tierra, sentimos que no somos lo
suficientemente buenos y nos vemos obligados a fingir ser lo que no somos para
encajar en el mundo. A muchas personas esta sensación de inseguridad les ataca
cada día y consideran que lo mucho o poco que tienen, se deben a factores como la
suerte y no al talento y esfuerzo que realizan.

Uno puede descubrir este síndrome de una manera muy sencilla, aparte de presentar
ansiedad y estrés relacionados al ámbito laboral o a la vida personal, la clave se
podría encontrar en la dificultad de aceptar elogios y reconocimientos, por más
sencillos que sean. Para sobrellevarlo de manera positiva, el primer paso siempre es
buscar ayuda profesional y hablar sobre las posibles causas de esos sentimientos de
inseguridad y practicar la autocompasión, ponerse a uno mismo como prioridad y crear
amor propio.

El síndrome del impostor puede ir más allá del bien y del mal, el no padecerlo
implicaría no tener los pies en la tierra, no saber dónde uno está parado. Entonces se
podría afirmar que enfrentar esta condición mental, podría ser un paso fundamental
hacia la superación de la inseguridad, por lo significaría una evolución hacia la
confianza en uno mismo. Como dijo alguna vez el poeta Oscar Wilde “El hombre
nunca es sincero cuando interpreta su propio personaje. Dale una máscara y te dirá la
verdad”.