Comentario 3×3
Por Benjamín Fernández Bogado
Naciones Unidas convoca a los jefes de Estado en esta temporada, en este período de septiembre, a lo que denominan su Asamblea General. Ahí aparecen los presidentes dando sus buenos propósitos, sus anhelos, tirando alguna bomba como aquella que tiró Chávez cuando dijo que este lugar y este recinto olía a azufre porque había estado George Bush, el presidente de su época, con anterioridad a su presencia en dicho estrado.
En muchos de los casos los presidentes hablan de las cosas buenas que hacen en sus países, creyendo que la asamblea realmente se compra todo lo que afirman. Generalmente hay una presencia masiva en algunas de las intervenciones, especialmente la del presidente norteamericano, que en el caso de Trump ayer dijo que la comunidad internacional tendría que condenar a China por haber sido el epicentro del Covid-19.
El presidente chino le respondió que no quiere ni guerra fría ni guerra convencional, claro, China es una potencia comercial y todo aquello que le someta a la posibilidad de reducir su carrera en términos de convertirse en un imperio, en un poder real, fáctico e inclusive militar, le afecta todo este tipo de cosas. No quiere dar la impresión de que está en conflicto.
Sin embargo, Trump encuentra que es un buen negocio electoral si pretende la reelección culpar a alguien de los más de 200.000 muertos por Covid-19. El presidente norteamericano no quiere asumir su alícuota responsabilidad en la que ha sido la mayor tragedia sanitaria en la historia de su país. También algunos dicen que la Asamblea de Naciones Unidas sólo sirve en este tiempo para ser titulares de periódicos por alguna afirmación o gansada que emita un presidente invitado al foro, que esta vez, por primera vez en 75 años se hace a través de medios electrónicos.