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martes, octubre 26, 2021
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Asunción

La industria Marina Cué
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“Caso emblemático”, “contenido político”, “altamente sensible a la memoria de los caídos”…

Expresiones como éstas se escuchan en las cámaras del Congreso cada vez que cae en sesión plenaria el caso conocido como Marina Cue, lugar en donde una refriega entre policías y pobladores dejara un tendal de muertos y un pleito sin resolver.

¿Qué demonios quieren hacer, en definitiva, los honorables? Porque si mal no recordamos, todo se inició con la invasión de una propiedad privada, convertida luego en reserva natural y finalmente desafectada por ley de esa condición y entregada para su reparto entre los ocupantes que quedaron en el predio. Se supone que lo que buscaban los “luchadores sociales” y los “sintierras” era un pedazo de tierra para trabajar y ganarse honradamente el pan. Desde la primera invasión pasaron casi diez años, 3.650 días que equivalen por lo menos a veinte ciclos productivos agrícolas. ¿Cómo se mantuvieron, durante todo ese tiempo, los luchadores sociales y los reivindicadores de la tierra para quien la trabaja?

Pasaron desde entonces miles de horas de debate parlamentario, millones de minutos de televisión, hectómetros cuadrados de publicaciones impresas, cortos documentales, montañas de documentos, pancartas, carteles, consignas… Hay verdaderos cardúmenes de legisladores nadando alrededor de esas aguas turbulentas esperando turno para discursear en las plenarias y arengar en persona a los ocupantes de hecho. Toda una industria del oportunismo político pero cero soluciones prácticas para quienes las necesitan.

El Paraguay está lleno de ejemplos de pequeños agricultores que entraron al mundo del agronegocio sin conflicto. Hace unos días dábamos cuenta de un comité de agricultores de San Joaquín, Caaguazú, que en 280 hectáreas generan al mes ingresos por Gs. 40 millones produciendo leche y cultivando forraje. ¿No les interesa replicar un modelo como ése? Parece que no, que encarrilar a los pequeños campesinos hacia una economía de autogestión y de progreso no le conviene a esta cofradía de filibusteros que los mantienen como rehenes de un estado en el que sólo ganan parlamentarios merodeadores, políticos basura y mercaderes del conflicto.

Y el campesino, una vez más, pierde.

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