martes, mayo 12

La búsqueda del poder a toda costa

Comentario 3×3

Por Benjamín Fernández Bogado

El vicepresidente de la República es una figura establecida en la Constitución de 1992, en el ánimo de ser el fusible, aquél que sustituya en un caso de situación grave, al Presidente de la República. La experiencia desde el 92 no ha sido eficiente en el sentido de que el vicepresidente ha ocupado gran parte de su tiempo para conspirar en contra del propio presidente.

El actual vicepresidente, Hugo Velázquez, hace fuertes críticas a la administración de la que él forma parte. En los últimos días dijo que la Ande y la Essap son una prueba de ineficiencia y de incompetencia notables, afirmando que teniendo el Paraguay abundante energía no puede tener tantos cortes de energía eléctrica.

No puede ser que la Essap, teniendo tanta abundancia de agua, no pueda proveer a los bomberos para enfrentar los incendios forestales. Esto es una crítica a la estructura del Gobierno que el vicepresidente tendría que hacerlo con su jefe, el Presidente de la República o en el equipo económico del equipo administrador del Estado. De lo contrario, podríamos pensar que Hugo Velázquez se encuentra en campaña, haciendo andar la motosierra para tratar de tumbar al presidente tan pronto como sea posible.

O está observando desde adentro de que hay un presidente débil, timorato y con ganas de renunciar y se está preparando para decir yo fui uno de los primeros críticos que se ha levantado contra este gobierno.

En cualquiera de los casos preocupa la acción política electoralista y, por qué no, de búsqueda de poder a toda costa de parte del vicepresidente, con lo que confirma que esta figura jurídica de la Constitución en lo único que gasta su tiempo es en los recursos del presupuesto, en la colocación de amigos y familiares y en la conspiración perpetua.