Durante décadas, tener coche fue sinónimo de libertad. Poder conducir era acceder a una vida adulta e independiente. Ahora el coche eléctrico no es una revolución tecnológica sino que pone fin al clásico símbolo de libertad. Un vehículo nos otorga autonomía de movimiento. Antes de la existencia masiva del automóvil, la distancia era una barrera significativa. Las personas estaban atadas a su ubicación, limitadas por la capacidad de caminar, la velocidad de un caballo o la disponibilidad de transporte público.
Con un vehículo, esa dependencia se disipa. De repente, podemos decidir a dónde, cuándo y con quién ir, sin depender de horarios fijos ni rutas predeterminadas.
Por ejemplo, las nuevas generaciones en España prefieren la movilidad compartida y sostenible, dejando atrás los tradicionales sistemas de propiedad basados en el coche privado. Lo que significa que dependen más de servicios cómo UBER, BOLT o MUV por lo que significan los gastos en mantenimiento y combustible para hacer funcionar el transporte, que también se expone a accidentes de cualquier tipo si decidimos hacer un viaje a corta o larga distancia.
Durante décadas, tener coche fue sinónimo de libertad. Poder conducir era acceder a una vida adulta e independiente. Pero esa idea se está desdibujando entre las generaciones más jóvenes. Hoy, la libertad ya no se mide en kilómetros recorridos, sino en la posibilidad de elegir cómo moverse sin necesidad de poseer un medio de transporte.
Movilidad barata
Hace poco un amigo me decía que gastó menos que lo habitual viajando con uno de los servicios citados más arriba, esta realidad ya puede ser una llamada de atención a la industria automovilística que ya sea inclina por desarrollar vehículos eléctricos o movidos energía renovable y quizá por eso concentran su trabajo en desarrollar elementos que necesiten mantenimiento, adquisición de accesorios o lo que represente para las marcas una entrada monetaria a su caja.
Según un informe publicado en marzo de 2025 por La Vanguardia, el 57% de los jóvenes en España entre 18 y 35 años estaría dispuesto a modificar sus hábitos de movilidad por razones ambientales. La mitad de ellos reconoce que la propiedad de un coche ya no es una prioridad. Y en las grandes ciudades, ese cambio ya es visible: el uso del transporte público, la bicicleta, los patinetes y las soluciones compartidas, desde el carsharing eléctrico, pasando por las motos o los sistemas de bicicletas eléctricas de alquiler por minutos, se ha disparado.
Esto ya ocurre en un país de 48,35 millones de personas y tiene aproximadamente 34 millones de vehículos asegurados movidos a hidrocarburos. Es una nación con una importante variedad de ofertas en transporte público cómo; autobuses urbanos e interurbanos, metro, trenes de cercanías, trenes de alta velocidad, tranvías, taxis y servicios de transporte compartido, transporte marítimo y aéreo para viajes de larga distancia, bien distribuidos y administrados para lograr cumplir con el pasajero que tenga que llegar a tiempo a una cita, reunión o lo que tenga marcado en su quehacer diario.
El uso generalizado de vehículos a motor comenzó a usarse en el mundo a finales del siglo XIX y principios del XX, con la invención y desarrollo de los primeros automóviles de combustión interna, hasta ahora en nuestro planeta nos movemos o transportarnos nuestra correspondencia, productos y envíos de lo que sea con vehículos movidos por hidrocarburos

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
