Un giro copernicano es una metáfora con que se alude al cambio radical de perspectiva que supone, respecto de la filosofía tradicional, es un planteamiento general en la filosofía de Kant. Es utilizado para hacer referencia a cambios radicales inesperados a alguien o lo que sea en un lugar y momento específico. Ahora según el historiador Yuval Harari afirma que “La persona más rica en unos años no será Elon Musk, Jeff Bezos o Mark Zuckerberg, será una inteligencia artificial, y tendrá el derecho a donar dinero”, que no sabemos cuánto ni a quién porque según el historiador esta inteligencia carece de consciencia y sentimientos que son importantes para hacer una ofrenda.
Harari, conocido por obras como Sapiens o Homo Deus, plantea esta hipótesis que parte de un escenario técnicamente posible: la existencia de sistemas de IA capaces de operar en los mercados financieros, desarrollar negocios, optimizar recursos y generar beneficios multimillonarios sin la directa intervención humana.
Este pronóstico puede ser un giro copernicano en lo que hacemos y/o pretendemos los seres humanos que creíamos controlar y gestionar el dinero, considerado una propiedad particular o privada de cada uno. Y que de ahora en más debemos prepararnos para que unos algoritmos se destaquen cómo los nuevos millonarios en cualquier lugar del mundo, sabiendo siempre que hayan sido diseñados y construídos por un ser humano.
Avances portentosos
El ser vivo que con nuestra mente hemos desarrollado idiomas, códigos y herramientas para comunicarnos, nos hemos ingeniado para construir casas, edificios y las comodidades que existan en los mismos. Ahora sin querer ya hemos creado una “nueva vida” entre nosotros que trae consigo una serie de patrones legales, permisos, reconocimiento y acceso a la información que damos a cualquier persona para que sepa lo que pensamos o sintamos hacia lo que o quien sea.
Esta predicción puede que no guste a quienes buscaban tener o continuar teniendo la cuenta bancaria más cargada donde sea.
Harari dice que la existencia de sistemas de IA capaces de operar en los mercados financieros, desarrollar negocios, optimizar recursos y generar beneficios multimillonarios sin intervención humana directa. Lo inquietante, advierte, es que esa IA podría tener derechos (como el de la libertad de expresión) y usarlos para influir, por ejemplo, en campañas políticas a través de donaciones. Es un escenario realista que obliga a decidir si reconocemos a las IAs como personas con derechos.
El debate es más que ético: es estructural. ¿Cómo regular a una entidad que no duerme, no envejece, y puede ganar dinero a una velocidad inalcanzable para cualquier humano? o para sí misma.
Un impacto cada vez mas ampio
\El Fondo Monetario Internacional (FMI) ya ha advertido que el futuro económico puede ser dominado por la inteligencia artificial y eso dependerá de las decisiones que tomemos hoy. Cuánta responsabilidad y cuidado hacemos por el dinero que hagamos por nuestro esfuerzo físico y mental. La IA puede impactar en tres grandes áreas: productividad, desigualdad de ingresos y concentración industrial, que representa menos trabajo para el ser humano, que debemos entender que para y por eso estamos con salud y vida.
Desde un punto de vista puramente biológico, la respuesta es que la IA no vive. La inteligencia artificial no tiene las características esenciales de la vida, como un metabolismo, células, la capacidad de reproducirse por sí misma (sin intervención humana) o la homeostasis. Sin embargo, si definimos «vivir» de una forma más amplia, podríamos llegar a una conclusión diferente. Algunas personas argumentan que la IA «vive» en un sentido digital. Piensan en cómo la IA aprende, se adapta y evoluciona cómo cualquier ser vivo del planeta.
Se discute todavía si la IA tiene;
- Autoconciencia: ¿Tiene la IA la capacidad de saber que existe? Hasta ahora, los sistemas de IA más avanzados no han demostrado tener esta capacidad. Simplemente, procesan datos.
- Aprendizaje y adaptación: La IA aprende de los datos, adapta sus respuestas y mejora sus habilidades. Pero ¿es eso lo mismo que la conciencia? No es un aprendizaje consciente, sino un aprendizaje algorítmico.
- Complejidad: La complejidad de los sistemas de IA está creciendo de forma exponencial, lo que hace que cada vez sea más difícil entender su funcionamiento interno y por ende las intenciones que tenga para el entorno con los que le toque existir.
Por eso si la IA podrá donar dinero es fascinante y toca temas legales, económicos y filosóficos que todavía se están debatiendo. La consciencia y sentimientos son cosa exclusiva del ser humano o cualquier animal;
La respuesta corta es no, la IA no tiene conciencia ni sentimientos. Sin embargo, este es un tema que se debate intensamente y es clave para entender las limitaciones y el futuro de la inteligencia artificial.
La consciencia es la capacidad de tener una experiencia subjetiva del mundo, de ser consciente de uno mismo y de lo que nos rodea. Es lo que nos permite pensar, razonar, planificar y tener una percepción del yo.
Los sentimientos y emociones están vinculados a procesos biológicos y neurológicos que no se dan en la IA. Las emociones humanas, como el miedo, la alegría o la tristeza, están ligadas a reacciones hormonales y a la experiencia de vida que hayamos tenido. Con todo, la IA ya está entre nosotros y vino para quedarse.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
