La exigencia es la acción y efecto de exigir o demandar algo específico. Somos exigidos desde la concepción a hablar, comer, vestir o relacionarnos adecuadamente con los parientes, amigos o con quienes toque relacionarnos, de esa experiencia pasamos a la educación académica donde de acuerdo al maestro que nos toque y nuestra actitud aprendemos más y/o mejor la lección que tengamos en nuestra, escuela, colegio, universidad o institución que asistamos, que sean exigentes con nosotros. Es natural u orgánico cómo el respirar, ver, escuchar, sentir, tragar y pensar, más debemos tener cuidado o cuenta cómo y cuánto exijamos o nos exija, porque el exigir sin control puede hacer que exista en nuestro cerebro un mantenimiento del estrés y activación del cortisol.
Cuando una persona funciona bajo un estándar inalcanzable, su cerebro interpreta la posibilidad de fallo como una amenaza directa a su seguridad o estatus social. Esto activa de forma continua el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HHA):
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Inundación de cortisol: Mantiene al organismo en un estado de alerta biológica permanente.
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Deterioro de la salud física: Deriva en alteraciones del sueño, fatiga crónica, inflamación sistémica y vulnerabilidad en el sistema inmune. Que frecuentemente llamada inmunodeficiencia o inmunosupresión que ocurre cuando los mecanismos de defensa del cuerpo se encuentran debilitados, comprometidos o funcionando por debajo de su capacidad óptima.
Esto no significa que no deba exigir buena atención, puntualidad, respeto o eficacia en cualquier momento o lugar a quien sea, quizá mayor cuidado en cómo o que comunique sus demandas al compañero, empleado o quien le sirva algo determinado. Siempre debemos tener en cuenta que trabaja por o para algo o alguien que a su vez constantemente merecen consideración eficaz y respetuosa para que podamos prevalecer en cualquier trabajo, equipo, grupo de amigos, compañeros de estudio o donde nuestros conocimientos y habilidades sirvan de algo.
Aprender la rutina de las exigtencias
Vivir exigiendo puede causar también; Parálisis por análisis y procrastinación perfeccionista; a nivel cognitivo, la exigencia desmedida genera una distorsión conocida como pensamiento de todo o nada (o dicotómico): «Si no sale perfecto, es un fracaso». Así cómo Síndrome de Burnout (Agotamiento Emocional)
En el ámbito de la psicología laboral y de la salud, la autoexigencia extrema es uno de los predictores individuales más fuertes del burnout que consta de tres fases:
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Agotamiento emocional: Sensación de vaciado absoluto de energía mental.
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Despersonalización: Distanciamiento o cinismo hacia las tareas, proyectos o personas a cargo.
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Baja realización personal: A pesar de lograr metas altas, la persona es incapaz de sentir satisfacción con lo alcanzado.
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Alteración del autoesquema y la autovaloración
Algunas veces creemos que es si es muy fácil hacer algunas cosas para nosotros, para otros no debería ser tan complejo, más hay lugares donde no tenemos acceso en el cuerpo de otras personas cómo sus pensamientos y sentimientos y si deseamos que sean más rápidos y eficaces en algunas cosas determinadas, primero debemos apelar a la empatía, que es la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona: entender lo que piensa, sentir lo que experimenta o comprender su situación desde su perspectiva, no desde la nuestra.
De paso me parece oportuno compartir unas palabras:
Vivimos en la cultura del perfeccionismo en el que admitir un error o un límite a nuestros deseos es impropio de quien todo lo tiene a su alcance.
Sin embargo, el sentirnos vulnerables no nos empequeñece, sino que nos pone ante nuestra propia realidad, no para sentirnos culpables de nada, sino para asumir que siempre hay metas nuevas que conseguir y hacia las cuales debemos partir.

Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
