sábado, mayo 9

El dinero sí compra alivio / Félix Giménez

Si han vivido lo suficiente, sabrán cómo esa frase de “el dinero no compra la felicidad”
se ha convertido en un mantra repetido hasta el cansancio. Sin embargo, en este caso
conviene aclarar por dónde va realmente el asunto. Quizá no compre la felicidad
absoluta, pero pasa y resulta que sí puede comprar alivio, y ese hecho es un
componente esencial para una vida digna.

No podemos negar que el dinero permite reducir preocupaciones cotidianas que,
acumuladas, solo desgastan la salud mental. Pensemos en la tranquilidad de pagar un
alquiler sin miedo al desalojo, en la posibilidad de acceder a un tratamiento médico sin
endeudarse, o en la libertad de elegir alimentos saludables en vez de conformarse con
lo más barato. Estos ejemplos muestran que el dinero no es un lujo, sino un
amortiguador contra la angustia y otros males como la ansiedad o la depresión.
Basta decir que disponer de recursos abre la puerta a experiencias que reducen el
peso de la rutina: un viaje, un curso, un pasatiempo. No se trata de comprar la
felicidad en un escaparate, sino de invertir en momentos que nos hacen respirar mejor.
El alivio que genera el dinero es, en muchos casos, la base sobre la cual se construye
la posibilidad de alcanzar la paz.

Negar esta realidad es solo un privilegio de quienes nunca han sentido la presión de
elegir entre pagar la luz o comprar medicamentos. Para los que viven al límite, el
dinero representa la diferencia entre el estrés constante y la calma relativa. Por eso,
más que demonizarlo, deberíamos reconocer que el dinero sí compra alivio, aunque
no sea sinónimo directo de felicidad, es el primer paso hacia ella.