Así cómo somos un importante número de habitantes en el planeta, existe en ese grupo la misma cantidad o más diferencias del uno con el otro, no solo de apariencia, origen étnico o edad, sino en lo que pensamos y sentimos sobre temas específicos. Según el sociólogo, filósofo y ensayista polaco británico Zygmunt Bauman; “Ya no somos lo que hacemos, sino lo que compramos”.
Una deducción quizá oportuna hoy día es que el consumo se hace algo habitual en la vida de algunas personas que al tener algo determinado creemos que esa cosa que nos hace en algo bueno o mejor que la persona con la nos relacionamos. Según el filósofo en la sociedad actual todo pasa por una tienda. Su diagnóstico, repetido hoy en debates sobre psicología y bienestar, sigue iluminando un paisaje emocional marcado por la prisa, las pantallas y la necesidad constante de estímulos para vivir en paz y con ganas de seguir produciendo en lo que sea nos tenga ocupados.
El sociólogo que falleció en el año 2017 insistía en que el bienestar no podía reducirse a la inmediatez del consumo, porque esa vía, aunque tentadora, es también la más frágil. Su reflexión no surgió de un impulso moralista, sino del análisis de cómo cambiaron nuestras vidas al pasar de la “sociedad sólida” a lo que él bautizó como “modernidad líquida”. Utiliza la metáfora de lo «líquido» porque, a diferencia de los sólidos, los líquidos no conservan su forma durante mucho tiempo: se filtran, fluyen y se adaptan al recipiente que los contiene. En nuestra sociedad, esto significa que las instituciones, las relaciones y las identidades o relaciones ya no son estables ni duraderas.
El consumo lo devora todo
Su frase; “ya no somos lo que hacemos, sino lo que compramos”, resumía el desplazamiento de la identidad desde el esfuerzo y los valores hacia la acumulación de objetos. Los vínculos se vuelven inestables, el trabajo es incierto y hasta la sensación de pertenencia se mueve como arena fina entre los dedos. En ese escenario, la felicidad parece desdibujarse entre estímulos momentáneos que exigen renovarse una y otra vez con ropa o cualquier accesorio o dispositivo que sea ofertado.
Un pensamiento que nos lleva a cuestionar nuestras necesidades reales para evaluar si vale la pena invertir o gastar en la oferta o no. Ahora, horas después de festejar el nacimiento de Jesús vale la pena tomarnos un breve tiempo para preguntarnos en qué, porqué o para qué nos sería útil el regalo de navidad que nos hayamos o nos hayan regalado. A su vez cuestionarnos cuántas personas en el mundo ni han festejado la navidad con regalos o la comida que hayamos ingerido. Algo complejo de concebir, más lamentablemente es la realidad, existe mucha pobreza y necesidad en un país y planeta muy desigual.
La advertencia del filósofo se hacía más clara cuando recordaba que “al ir a las tiendas a comprar felicidad, nos olvidamos de otras formas de ser felices, cómo trabajar o estar juntos, meditar, estudiar o aprender algo nuevo”.
No es útil ni sano comparar una generación con otra, porque “las comparaciones son odiosas”, más son útiles para notar equivocaciones que tengamos una con otra y cambiar para bien nuestro comportamiento y formas de pensar o sentir hacia algo, alguien, condición, acontecimiento, lugar o momento determinado

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
