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El 30,5% de niños y adolescentes viven en pobreza en Paraguay

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Un estudio del Instituto Nacional de Estadísticas refiere que un total de 762.532 paraguayos de entre 0 a 17 años vive en la precariedad.

La situación de pobreza y pobreza extrema en nuestro país aumentó en los segmentos de la población que tienen entre 0 a 17 años, afectando en el 2020 al 30,5% de los poco más de 2,5 millones de paraguayos de esa franja etaria. 

Un estudio encabezado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), denominado “Indicadores de la Niñez y la Pobreza”, refiere que en términos nominales este porcentaje totaliza la suma de 762.532 personas. De esta cifra, el 5,9% (147.000) se encuentra en situación de extrema pobreza-

Desagregando por el área al que pertenece, de los 1.475.554 que viven en zona urbana, el 3,1% está en pobreza extrema, en tanto que el 29,6% es pobre no extremo y el 67,2% no pobre, este último es el más bajo al compararlo con el 2018 y 2019 mientras que los demás fueron ajustados al alza. 

Por su parte, de los 1.032.774 niños y adolescentes residentes en el área rural, el 9,7% está en la extrema pobreza, el 31,7% es pobre no extremo y el 58,5% no pobre. Es importante mencionar que todos los indicadores disminuyeron, por lo cual se puede observar que la zona más afectada en dicho sentido fue la urbana. 

Sobre el tema, el economista Virgilio Noel Benítez añadió además que la mayor parte de la pobreza en Paraguay se concentra en los niños y los adultos mayores, atendiendo que los mismos no pueden trabajar.  

“Hay datos en los registros del Banco Mundial, de la desnutrición infantil.  Esto finalmente limita el aprendizaje en las escuelas, reflejándose en su renta futura, es a lo que denominamos los economistas como trampa de la pobreza”, consideró Benítez. 

Respecto al aumento en el porcentaje de personas en situación de pobreza en la zona urbana en tiempo de pandemia, el profesional sostuvo que se debe en gran medida a las limitaciones para producir dada las restricciones. Es así que, finalmente, las limitaciones de salir a vender sus productos, aunque sea de manera informal, se vieron reflejadas en una menor cantidad de ingresos para las familias. 

Por otra parte, señaló que la contracción en sí de la economía, no dejó permear dinero para que estas familias mejoren sus respectivas situaciones. 

“En el caso de la zona rural, en el año 2020 se tuvo periodos de deflación, favoreciéndoles en acceder a bienes más baratos.  Por otro lado, los productos que normalmente suelen comercializar los pobres de las zonas rurales son alimentos de primera necesidad (mandioca, hortícolas, etc) lo que podría explicar estos resultados”, amplió. 

TRABAJO

Otro indicador tiene que ver con la ocupación laboral por parte de los adolescentes de entre 15 a 17 años, edad autorizada por la Ley para trabajar bajo ciertas condiciones y garantías. Según refiere el estudio, la población ocupada con el mencionado rango de edad ascendió a 130.906, este número representa 10.416 personas más respecto al 2019 cuando se ubicó en 120.490. 

Tomando los datos del área urbana 90.865 adolescentes se encuentran activos laboralmente frente a los 40.041 perteneciente al campo, ambos sectores sufrieron aumentos al compararlo con periodos anteriores. 

Sobre este punto, Benítez  expresó que esta es una problemática real, dura y cruda, teniendo en cuenta que mientras los adolescentes no vayan a estudiar y tengan que trabajar para ayudar a sus familias, seguirán hipotecando sus ingresos futuros, lo que nuevamente les dejará en la trampa de la pobreza.  Es decir, trabajarán ahora para ayudar a las familias, pero nunca podrán salir de la pobreza. 

“No existen políticas públicas con un enfoque holístico para paliar este tipo de situaciones.  Las mismas solo se pueden subsanar a través de inversiones para su educación, salud desde la concepción del niño, y mediante renta para que puedan estudiar sin abandonar las escuelas por sus necesidades urgentes”, apuntó Benítez.