viernes, enero 2

Desear ser otro / Félix Giménez

En algún momento, todos hemos deseado ser alguien más, alguien al que ni le
importen las cosas actuales quizá. Sea por admiración, frustración o simple curiosidad,
la idea de cambiar de alma resulta tentadora. Vivimos en una sociedad que
constantemente nos muestra modelos de éxito, belleza y felicidad que parecen
inalcanzables. Esta comparación constante puede hacernos sentir menos, como si
nuestra versión original no fuera válida.

Desear ser otro no siempre es negativo; puede ser una señal de que anhelamos
crecer o cambiar. Imaginar una vida distinta puede ayudarnos a mejorar, a romper con
lo que nos limita. Sin embargo, cuando ese deseo nace del rechazo a uno mismo, se
convierte en una trampa emocional. En vez de construir, nos destruye poco a poco,
alimentando inseguridades y alejándonos de nuestra autenticidad. El asunto no es
querer cambiar, sino no saber por qué razón lo queremos.

En la actualidad se nos bombardea regularmente con comerciales en donde muestran
“ejemplos” de vidas perfectas, supuestas fórmulas para llegar al éxito. En este
contexto, desear ser otro parece lógico, casi inevitable. Pero lo que vemos no siempre
es real, y lo que sentimos frente a ello merece ser cuestionado. ¿Estamos deseando
ser otro o simplemente escapar de lo que somos?

Pues entonces. aceptar nuestra identidad es un acto de valentía. Reconocer nuestras
virtudes y defectos nos permite evolucionar desde la verdad. Desear ser otro puede
ser el inicio de un viaje lleno de incertidumbres, pero el destino más valioso es
encontrarnos con nosotros mismos.