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De paraíso a infierno

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La triste historia de la laguna Cateura y su entorno

Cristian Nielsen

Cómo convertir un paraíso verde, pulmón de la ciudad, mirador privilegiado, estación de aves migratorias… en un horizonte con montañas de basura, columnas de humo y miles de personas deambulando entre hectáreas de desperdicios buscando algo de valor…

Un interrogante que nos está llevando del oasis al infierno.

A mediados del siglo XX aún había gente que pescaba en la laguna y disfrutaba de un paisaje sereno, relajante, que reconciliaba con la naturaleza y dejaba al final de la jornada una sensación de paz como en pocos lugares podría encontrarse.

Sólo la perversa tendencia del hombre a destruir la belleza pudo lograr que todo se fuera al demonio y Cateura, su laguna, su cerro cercano y sus enlaces con el río Paraguay se convirtieran en pestilentes hectáreas de basura, de aguas negras rezumantes entre la porquería y un ambiente de campo de refugiados que sólo podría encontrarse en las sociedades tribales más atrasadas.

MOMENTO FATAL – En un artículo de su sitio “El Surtidor”, Nicolás Granada refiere cómo nació el vertedero en que hoy se ha convertido la laguna Cateura y sus alrededores. Fue hacia comienzos de los ’80 cuando “el Intendente de entonces, Porfirio Pereira Ruiz Díaz, un militar que no fue  elegido por los habitantes para el cargo, refirió que, estando en el Comando de Ingeniería, el presidente Stroessner me llamó para hacerme cargo de la Municipalidad de Asunción. ‘Me dio una semana para limpiar las calles y arreglar todos los baches’. En 1984 su administración eligió un zanjón en un terreno público contiguo al río Paraguay, al sur de la ciudad, para unificar el vertido final de los residuos. Cateura tenía estas características: zona baja, humedal importante. Hoy conocemos las bondades ambientales que prestan los humedales. En ese entonces no había conciencia suficiente”.

Esa habría sido la sentencia de muerte de uno de los entornos más bellos de la capital. El paisaje de verdor y aguas todavía razonablemente transparentes y limpias muy pronto se transformaría en otra cosa. Una resta valiosa para un mirador que ya estaba casi terminándose en la cima del cerro Lambaré cuando las topadoras de ingeniería se abrieron paso para crear el monstruo que hoy no cesa de crecer y apestar.

MONUMENTO – En la cima del cerro contiguo, el escultor español Juan de Avalos daba el toque final al Monumento a la Paz Victoriosa, nombre que desata irremediables ecos de la monumentalidad soviética. Pero nada más lejos en la era de la “democracia sin comunismo” que vivíamos por entonces.

Stroessner andaba en busca de un poco de bronce celebratorio y le soltó la correa al artista hispano, hijo legítimo del franquismo. Tenía, literalmente, carta blanca para gastar lo que fuere necesario tras aquel monumento que los críticos más maledicentes de la época no tardaron en calificar de esperpento en hormigón y bronce. Pero esa es otra historia.

Lo cierto es que como parte del monumento, el viaje a la cima del cerro quedó expedito, con su entorno de vegetación, rocas y pequeños manantiales discurriendo por acequias laterales.

En la cima, un amplio mirador -belvedere, dirían los italianos- permitía una visión 360 grados de Asunción y entorno. Era la primera vez que la ciudad disfrutaba de un sitio como ese y ni siquiera

las despiadadas campañas en contra del monumento lograron desestimular las visitas que se fueron haciendo cada vez más frecuentes.

Si el monumento y su consiguiente mirador hubieran sido construidos un par de décadas antes, otro habría sido el panorama a disfrutar. Pero la historia lo quiso así.

CATEURA Y SEAM-MADES – Ambos tienen un largo connubio patrocinado por la Municipalidad de Asunción, intendencia y junta municipal de la mano. Desde la era en que se denominaba SEAM, o Secretaría del Ambiente, sus técnicos deben haber emitido varios certificados de defunción del vertedero que se insiste en presentar como relleno sanitario.

La destrucción ambiental estaba siendo verdaderamente apocalíptica. De los humedales ya no queda casi nada y los restos de laguna estaban permanentemente asediados por los rebalses de las piletas de lixiviado, un liquido inmundo producto del agua que rezuma bajo los basurales arrastrando todo tipo de solidos en descomposición.

Aún así, de los tira y afloje entre intendentes y concejales, SEAM-MADES ha venido renovando licencia tras licencia a la concesionaria, haciendo revivir al muerto al estilo de los walking dead.

SUPINA INCAPACIDAD – Cateura documenta, a lo largo de los años, la indiferencia estatal hacia el medio ambiente, historia que nació de una orden tiránica y siguió viviendo alimentada por leva tras leva de municipalistas incapaces de encaminar una solución final conjunta que permita gestionar en forma sostenible los desperdicios de los 20 municipios del Area Metropolitana.

Así fue que un oasis verde, refugio de aves migratorias y parque natural fue convertido en un infierno de mugre y miseria, vigilado, eso sí, por el esperpéntico trípode de cemento conque fue coronado, contra su voluntad, el Cerro Lambaré.

 

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