Lo fácil es el trabajo que no requiere gran esfuerzo, habilidad o capacidad y lo difícil se refiere a algo que representa un desafío, requiriendo un gran esfuerzo físico o mental para ser completado con éxito.
Según el filósofo y matemático griego Tales de Mileto; «La cosa más difícil es conocernos a nosotros mismos; la más fácil es hablar mal de los demás», un pensamiento que tiene mucha razón desde el momento que fue expuesto hasta hoy día donde sea en nuestro mundo, lugar donde existimos personas que pensamos y sentimos cosas determinadas sobre alguien o lo que sea nos rodee. Mileto enfatizaba que «La cosa más difícil es conocernos a nosotros mismos; la más fácil es hablar mal de los demás».
Una frase que invita a sustituir el juicio inmediato por un ejercicio de introspección y que plantea una cuestión que sigue presente en las relaciones humanas, algo importante para empezar, desarrollar y terminar cualquier proyecto que queramos llevar adelante. Que también ahora se vuelve algo difícil tener, porque cualquier relación no solo necesita que exista afecto o conexión sentimental con la otra persona sino conocimiento real o racional de nuestros compañeros de trabajo, estudio, matrimonio, noviazgo o relación humana que funciona y se sostiene no solo por regalos, besos, abrazos sino a través de una fluida comunicación entre quienes formamos parte de la relación humana.
La misma que existe o existirá no porque tengamos anillos o registros de estar vinculados sino mientras dejemos de lado cualquier comportamiento o hábitos que sirvan para vincularnos sino para separarnos y no hacer que ganemos torneos deportivos, académicos, científicos o empresariales que sirven no solo para alguien determinado sino para quienes seamos parte del equipo y quienes nos hayan apoyado de alguna forma. Mileto entendía el conocimiento como una herramienta fundamental para comprender la realidad.
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El filósofo vivió aproximadamente entre los siglos VII y VI antes de Cristo en Mileto, ciudad de Jonia situada en la costa de la actual Turquía, y la tradición griega lo incluyó entre los Siete Sabios de Grecia. >Entre quienes están; Solón de Atenas (c. 638 a. C. – c. 558 a. C.), Bías de Priene (siglo VI a. C., Cleóbulo de Lindos (siglo VI a. C.), Pítaco de Mitilene (c. 640 a. C. – c. 568 a. C.), Quilón de Esparta (siglo VI a. C.) y Periandro de Corinto (f. c. 585 a. C.).
Se los llamaba los Siete Sabios de Grecia debido a la combinación de tres factores centrales de la cultura helénica antigua:
1. El concepto original de «Sabiduría» (Sophía):
En el siglo VI a. C., el término sophía no se refería a la filosofía académica ni al estudio teórico abstracto, sino a la sabiduría práctica y política. Los siete no eran teóricos de universidad, sino estadistas, legisladores y gobernantes admirados por su prudencia, su capacidad para pacificar ciudades y su buen juicio para resolver conflictos reales.
2. Las máximas del Templo de Apolo en Delfos:
La tradición griega relata que estos siete pensadores se reunieron en el Templo de Apolo en Delfos para consagrar sus enseñanzas al dios. De esa reunión surgieron las célebres inscripciones grabadas en los muros del templo, las cuales se convirtieron en la base del código ético de Grecia:
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«Conócete a ti mismo» (Nosce te ipsum)
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«Nada en exceso» (Mēdèn ágan)
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«La moderación es lo mejor»
Estas frases breves, directas y fáciles de recordar (conocidas como estilo lacónico) condensaba la filosofía de vida que todo ciudadano griego debía aspirar a seguir.
3. La consagración literaria por Platón:
Aunque sus nombres circulaban en la tradición oral de las polis, fue Platón quien inmortalizó la denominación en su diálogo Protágoras (siglo IV a. C.). En esta obra, Platón acuñó la lista canónica del grupo, explicando que su genialidad no radica en dar largos discursos, sino en formular sentencias breves, memorables y cargadas de significado moral. Vale la pena reeelerlo.

Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
