La música es el arte de organizar sensible y lógicamente una combinación coherente de sonidos y silencios, utilizando los principios fundamentales de la melodía, la armonía y el ritmo. Es una de las formas de expresión más antiguas y universales de la humanidad, capaz de transmitir emociones, ideas y narrativas sin necesidad de palabras. ha comenzado en diferentes momentos dependiendo de cómo la definamos: como una capacidad biológica, como un artefacto cultural o como una disciplina organizada, existe desde siempre porque el ser humano escucha desde que está en la faz de la tierra.
Me tocó ver un documental en YouTube llamado; “cómo la industria musical fabricó una generación sin criterio” y me dejó pensando mucho acerca de cómo y lo que oímos diariamente.
En el mismo se dice que la música ahora es un producto neuroquímico diseñado para una mente que ha renunciado a la profundidad. No estamos ante una simple cuestión de gustos generacionales, sino ante una involución cognitiva planificada. Los expertos en Musicología computacional ya denominan la homogeneización del espectro.
Estamos presenciando la muerte de la melodía y el trabajo hecho para atraer y formar mentes con el sonido. Bajo una capa de autotune que no busca estética, sino corrección robótica para voces que sin el algo. La música se ha vuelto más ruidosa y drásticamente, más pobre en el vocabulario. La música popular actual utiliza un 40% menos de variaciones tonales que la de la música de antes. La industria ya no busca artistas, busca activos financieros predecibles que encaje en lo que se conoce como la comprensión de la sonoridad.
Todo es desechable
Esa técnica que elimina los rangos dinámicos para que todo suene fuerte. Ideal para ser procesado con un cerebro en estado de vigilia e incapaz de oír concentradamente en la “música” de ahora que ya no es música o arte para cuidar nuestra mente y ayudarnos a ser más atentos y críticos con los problemas del mundo y el país, que son bastantes siempre porque el problema es natural en cualquier vida donde y cuando sea.
Y Theodor adorno ya advirtió que “la música se convertiría en un cemento social que mantiene a las personas. Él hablaba de la seudo eventualidad” o la ilusión de que algo nuevo está pasando cuando en realidad solo estás escuchando la misma estructura de cuatro acordes repetidos.
Cuando la cultura se convierte en una línea de montaje. El arte. El público ya no exige calidad porque su paladar intelectual ha sido erosionado. Cuando el pensamiento crítico declina, la capacidad de procesar el pensamiento abstracto se desvanece y con ella la libertad real de. Iremos a hacia la neurobiología del analfabetismo y es fácil dominar o controlar al ignorante, mediocre, mentecato o el incapaz de asimilar lo metafórico, inconsciente o desinformado.
George Orwell explicó en su análisis del neolenguaje que si no tienes palabras para expresar una idea, la idea deja de ir. Al reducir la música a pocas palabras. Sexo, consumo y narco. Estamos castrando o destruyendo nuestra capacidad dereflexionar adecuadamente. Ahora la música se resume en una función básica que se ajusta a la lógica de la red social, donde el ego es el único centro. Se da una desaparición de la meta. Las letras actuales. Ya es simplemente ruido organizado.
Esta falta de abstracción nos está incapacitando para entender los matices de la realidad y si el cerebro no puede procesar una armonía compleja, tampoco podrá procesar una situación geopolítica compleja o un conflicto ético, estamos creando una generación de imbéciles.Hemos democratizado el acceso, pero hemos destruido el estándar de calidad. Hoy la tecnología actúa como una máscara para la incompetente. Esto genera una sociedad de expertos sin conocimiento real de lo que exponga en la red internacional. Preocupa porque “la apariencia de talento sustituye a la maestría”. Grave todo.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
