Todavía no tuve la bendición de tener un hijo. más por lo que veo hoy día a algunos padres recientes les cuesta encontrar la forma equilibrada de criar a los primogénitos, unos optan por hablarles sin necesariamente elevar su voz, usando palabras duras o ‘dándoles unos “mimos” vikingos para que entiendan o sepan lo que, cuando y donde deben hacer las cosas.
Ser excesivamente «duro» con los hijos —entendido como una crianza basada en el autoritarismo, la rigidez extrema, la falta de afecto visible, el castigo frecuente o la exigencia desmedida— tiene consecuencias profundas que moldean la estructura de la personalidad, la salud mental y las relaciones de esos niños cuando se convierten en adultos. Por eso algunos cuidan el tono de su voz y las palabras que elijan para transmitirles una dirección determinada. Por cómo puedan comportarse o ser cuando sean mayores de edad, y que no les termine perjudicando sus vidas o la de otras personas.
Caroline Goldman es una reconocida y controvertida psicóloga infantil y doctora en psicopatología clínica francesa que se ha convertido en la principal voz de resistencia frente a la «educación positiva» radical, desatando un intenso debate en Europa sobre los límites en la crianza.
Su filosofía se basa en que el amor no es suficiente para educar y que la falta de autoridad firme está generando niños ansiosos, tiranos e incapaces de lidiar con la frustración. Algo que naturalmente existirá en sus vidas con frecuencia desde el cómo lidiar con malas calificaciones, el no ser integrado a grupos deportivos, artísticos o académicos por cómo luzcan o son.
Retornar al pasado
través de sus libros (como Establecer límites educativos) y su popular podcast, Goldman sostiene los siguientes pilares:
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Crítica dura a la «educación positiva»: Afirma que la corriente de crianza positiva fue tergiversada por «gurús y especialistas autoproclamados» que mercantilizan la culpa parental. Sostiene que esta vertiente ha dejado a los padres «maniatados» en su autoridad, con miedo a poner un límite por creer que van a «dañar el cerebro» de sus
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hijos, creando niños que terminan siendo insoportables para la sociedad.
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El rechazo a la horizontalidad (La falsa camaradería): Goldman denuncia la tendencia actual de tratar a los hijos como iguales. Para ella, esta «camaradería entre generaciones» y la falta de jerarquía genera niños profundamente inseguros. Si el niño siente que nadie está por encima de él o es más fuerte, siente que no hay nadie que lo proteja, perdiendo su derecho a la inocencia (la ligereza e inocencia infantil).
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Defensa absoluta del Time-out (Tiempo fuera): Es su propuesta más polémica. Recomienda el aislamiento temporario (mandar al niño a calmarse a su habitación) a partir de los 12 meses de edad cuando este desobedece o desafía un límite de forma consciente. Defiende que es una herramienta no violenta y necesaria para cortar las escaladas de tensión familiar y estructurar psíquicamente al niño.
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Los límites como acto de amor: Goldman argumenta que frustrar a un niño de forma controlada es indispensable para su salud mental. Aprender que el mundo tiene reglas y que no todo gira en torno a sus deseos los protege del caos y la violencia externa a futuro.
Goldman defiende la “crianza dura”;
1. Para aliviar la ansiedad infantil:
Goldman sostiene que cuando un niño no tiene límites claros o ve que sus padres son débiles y ceden ante todos sus caprichos, se asusta. Su teoría clínica es la siguiente: si un niño de 4 años siente que puede dominar y manipular a sus padres, mira a su alrededor y piensa: «Si yo soy el que manda acá, significa que nadie me está protegiendo del mundo, porque mis padres son más débiles que yo». Para ella, la falta de jerarquía genera niños profundamente ansiosos e hipervigilantes.
2. Para desarrollar la tolerancia a la frustración:
En su práctica como psicoterapeuta, Goldman afirma recibir a diario a padres agotados con niños que sufren enormemente porque no toleran un «no». Ella argumenta que el mundo real está lleno de límites, rechazos y reglas. Si un niño no aprende a gestionar la pequeña frustración de que le apaguen las pantallas o le digan que no a un juguete en casa (un entorno seguro), colapsará emocionalmente cuando se enfrente a las frustraciones inevitables de la vida adulta.
3. Para proteger el bienestar de los padres (y de la pareja):
Goldman critica duramente que la corriente permisiva pone el bienestar del niño como el único eje del universo, destruyendo la salud mental de los padres (generando burnout o agotamiento parental) y desgastando el matrimonio. Ella defiende que los padres tienen derecho a descansar, a tener conversaciones de adultos y a poner al niño en su habitación (su famoso uso del time-out) cuando rompe las reglas, para que el hogar vuelva a ser un lugar de paz y no un campo de batalla controlado por el niño.
Por ende no dude en ser duro o “autoritario” con su hijo que no entenderá el porqué o para qué luce o suena amargo ahora, per el dia de mañana cuando le toque enfrentar desafíos academicos, deportivos o artísticos y no logré triunfar en los mismos, entenderá porque mamá o papá se portó as+i con el/ella.

Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
