viernes, abril 24

Cosas sin lógica / Félix Giménez

Si tenemos que dar una mirada crítica a lo absurdo cotidiano, podremos darnos cuenta
de que vivimos rodeados de más situaciones que desafían toda lógica, más de las que
creemos. Estos hechos van desde decisiones gubernamentales hasta
comportamientos sociales que parecen sacados de un guion de humor negro. Hasta el
punto de que la falta de sentido común no solo genera rabia en uno, sino también una
profunda reflexión sobre cómo toleramos lo irracional como parte del día a día.

Un claro ejemplo son los trámites burocráticos. Formularios que te piden el mismo dato
más de una vez, procesos que podrían resolverse en minutos, pero se alargan por
semanas. Aquí la cuestión no es la falta de recursos, se trata simplemente de una
malacostumbre, esa especialidad de complicar lo simple. Y cuando alguien por fin
cuestiona el sistema, se topa con la respuesta de: “Es que así siempre se hizo”.

No podemos olvidarnos de los estándares sociales que carecen de la más básica
lógica. Se tiene más en cuenta la apariencia que la competencia, se enaltecen a
figuras vacías y se ignoran a quienes realmente aportan algo. La inmediatez ha
reemplazado el pensamiento crítico por reacciones impulsivas. En estos tiempos es
muy difícil encontrar algo verdaderamente auténtico o libre.

Tristemente, lo más ilógico de todo es que la mayoría acepta lo absurdo sin cuestionar.
Se normalizan cosas irracionales y se marginalizan a quienes cuestionan. Pero
cuestionar es siempre el primer paso hacia el cambio. Quizá si empezamos a ver lo
ilógico como una alarma y no como una costumbre, podemos dar el primer paso a una
realidad más coherente. Aceptar lo absurdo sin resistencia es siempre lo más absurdo
de todo.