El ruido es el sonido inarticulado, por lo general desagradable, puede ser cómo suenan los vehículos sobre una avenida cerca del trabajo, hogar, escuela, colegio, universidad u hospital. Espacios que deben estar libres de fragor, estruendo o crujido para con la paz y armonía logren que aprendamos, nos curemos, rehabilitemos o vivamos bien. El filósofo Byung Chul Han dice que; «Quedarse en casa es la forma más lúcida de resistencia.
El silencio de tu casa es el único lugar donde todavía puedes escucharte. Ejercicio del que se habla mucho hoy día, pero que en realidad pocos lo practican, porque no lo quieren hacer, les es difícil desconectarse de los ruidos que de tanto oirlos ya forman parte de uno. Y cuando debemos estar en silencio cómo en su almuerzo o descanso lo volvemos a buscar, cómo si fuera algo natural. El silencio, a menudo subestimado, puede ser una herramienta poderosa y beneficiosa en muchas áreas de la vida.
Hay quienes encuentran el silencio cómo algo incómodo, y otros que se encuentran cómodos solos, en mutismo, sin mucha luz o lo que puedan asimilar nuestros sentidos, que existen para digerir la información que nos rodee en el barrio, la casa, los estudios, trabajo o donde existan sonidos e imágenes para captar y así poder acompañar una conferencia, clase, obra de teatro, danza, música, exposición de pintura, cine o lo que sea expuesto para entretener o educar al curioso de algo en particular.
Han fue Galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025 y conocido por obras como ‘La sociedad del cansancio’ o ‘Vida contemplativa’, El filósofo sostiene que el gesto más antisistema hoy no es gritar, sino callar; no es correr, sino detenerse; no es exponerse, sino resguardarse.
Temor al silencio
Algo difícil de hacer por la obsesión de mostrar cada instante de nuestras vidas en redes sociales que han erosionado por completo nuestra capacidad de descanso. Frente a esa maquinaria de exposición constante, él eleva el hogar a categoría de trinchera. “Quedarse en casa es la forma más lúcida de resistencia”, afirma, porque es la única manera de desactivar el imperativo de la productividad total. Esa también es una forma de aturdirse, muchos piensan que el estar produciendo, ya sea diseñando, editando, programando o lo que pueda hacer con sus pantallas es una manera de darse paz, más resulta el antónimo de este estado que es útil no solo para que exista armonía entre comunidades del mundo para que logren existir armónicamente entre ellas, sino para que las mismas puedan estar en el silencio pacifico de su hogar o donde lo busquen tener cómo plantea Han.
Para el filósofo coreano, el capitalismo contemporáneo “odia el vacío y el silencio”, por eso la sociedad está cargada de dispositivos con alarmas o conectados a parlantes para amplificar un sonido que por los decibeles que elijamos ya se vuelve en ruido para nosotros, nuestros vecinos, compañeros de estudio, trabajo o habitación, que también existen y necesitan de ese espacio de silencio para calcular bien sus maniobras o respuestas en cualquier situación o conversación que estén desarrollando. Han añade que lejos del ruido exterior, recuperamos el derecho a escucharnos y a existir sin que nadie mida nuestro rendimiento. Cómo lo hacen en el aula, la oficina o donde nos toque interactuar con otras personas, si estamos dispuestos a apagar las pantallas y ser lo suficientemente valientes para hablar con la otra persona.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
