A tres días de las elecciones generales, Brasil entra en la recta final con Luiz Inácio Lula da Silva al frente de las encuestas para la primera vuelta y Flávio Bolsonaro como principal rival. Economía, seguridad, corrupción, el peso político de Jair Bolsonaro y la relación con las grandes potencias atraviesan una disputa que los sondeos muestran mucho más estrecha ante un eventual balotaje.
Brasil se prepara para una de las principales citas electorales de América Latina. Este domingo 4 de octubre, 158.765.543 electores están habilitados para acudir a las urnas para elegir presidente, gobernadores, senadores y diputados federales, estaduales y distritales.
La carrera presidencial tiene como principales protagonistas al actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, y al senador Flávio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro. Los últimos sondeos coinciden en ubicar a Lula por delante para la primera vuelta, aunque muestran una competencia estadísticamente ajustada entre ambos en simulaciones de segunda vuelta.
Si ningún candidato consigue más del 50% de los votos válidos este domingo, los dos más votados volverán a enfrentarse el 25 de octubre.
A pocos días de la votación, la disputa ya no pasa únicamente por la identificación ideológica de los candidatos. El bolsillo de los brasileños, la preocupación por la seguridad, investigaciones por corrupción, la herencia política de Jair Bolsonaro y las diferencias sobre la inserción internacional de Brasil atraviesan la campaña.
1. El bolsillo sigue condicionando la campaña
Lula llega a la elección con indicadores favorables en empleo y reducción de la desigualdad, pero enfrenta un problema que atraviesa directamente la economía doméstica: el costo de vida y el endeudamiento de los hogares.
En los últimos días de campaña, el Gobierno anunció nuevas medidas destinadas a los consumidores endeudados y avanzó contra las apuestas online, una actividad que se expandió fuertemente en Brasil durante los últimos años. Las decisiones llegaron mientras las encuestas mostraban una carrera ajustada frente a Flávio Bolsonaro.
Detrás de la discusión inmediata sobre el bolsillo aparece otro desafío menos visible en la campaña: las cuentas públicas.
Los equipos económicos de Lula y Bolsonaro prometen correcciones fiscales, pero plantean caminos diferentes. La propuesta del actual mandatario contempla un ajuste gradual con una meta de superávit primario del 1,3% del PIB para 2030, mientras asesores de Bolsonaro plantean un ajuste más rápido, equivalente al 1,5%, durante los primeros 18 meses de un eventual gobierno.
El próximo presidente deberá lidiar con una deuda pública bruta equivalente al 82,5% del PIB y un déficit nominal del 9,3%, según los datos recogidos por Reuters.
2. La seguridad ganó espacio entre las preocupaciones
La seguridad pública se convirtió en otro de los terrenos centrales de la disputa.
Flávio Bolsonaro construyó parte de su campaña alrededor de una política más dura frente al crimen organizado y propuso, entre otras medidas, la construcción de cinco cárceles de máxima seguridad inspiradas en el modelo aplicado en El Salvador.
Lula, por su parte, reforzó durante la campaña las propuestas de combate a las organizaciones criminales y la cooperación internacional contra redes delictivas. La preocupación por el crimen aparece entre los factores que atraviesan la decisión de los electores en la recta final.
El debate tiene además una dimensión regional. Brasil comparte fronteras con diez países sudamericanos y las estructuras criminales que operan en su territorio tienen ramificaciones transnacionales, por lo que las políticas de seguridad del próximo Gobierno tendrán efectos más allá de sus fronteras.
3. Jair Bolsonaro no está en la boleta, pero sigue en campaña
Una particularidad de estas elecciones es que Jair Bolsonaro no necesita aparecer en la papeleta para ocupar un lugar central en la disputa.
Flávio Bolsonaro construyó su candidatura alrededor del capital político de su padre. Reuters informó que el expresidente le dio su respaldo para sucederlo políticamente a finales de 2025. La campaña incluso recurrió a representaciones generadas con inteligencia artificial de Jair Bolsonaro.
El apellido Bolsonaro funciona así como uno de los principales elementos de continuidad dentro de la derecha brasileña, mientras Lula intenta convertir la elección en una discusión sobre el rumbo político que Brasil adoptará durante los próximos cuatro años.
La disputa vuelve a colocar frente a frente a dos estructuras políticas que dominaron buena parte de la conversación pública brasileña durante los últimos años, aunque esta vez uno de los protagonistas cambió de generación.
4. Banco Master irrumpe en la recta final
La corrupción también entró en el tramo decisivo.
Flávio Bolsonaro quedó alcanzado por una investigación vinculada al caso Banco Master, una trama sobre presuntas irregularidades financieras que involucra a diferentes figuras del poder político y económico brasileño.
Reuters informó que Bolsonaro es investigado por presunto lavado de dinero relacionado con el caso, mientras nuevas revelaciones continuaban apareciendo en los días anteriores a la elección. El caso también ha generado investigaciones y cuestionamientos sobre personas relacionadas con distintos sectores políticos.
La investigación introduce una variable adicional en una elección donde el universo de electores todavía sin decisión definida es reducido. Según datos de Quaest recogidos por Reuters, los indecisos representaban alrededor del 5% del electorado en la recta final.
5. Brasil también decide cómo relacionarse con el mundo
La elección tiene además una dimensión internacional.
Durante su actual mandato, Lula profundizó las relaciones con China y Europa y defendió una política exterior basada en una mayor autonomía brasileña. Flávio Bolsonaro representa una línea políticamente más cercana a la administración estadounidense de Donald Trump y al movimiento conservador internacional.
La tensión adquirió mayor relevancia en los últimos días. Autoridades de inteligencia brasileñas informaron a delegaciones de Francia y Alemania sobre presuntas acciones de interferencia extranjera relacionadas con el proceso electoral. Las acusaciones incluyen señalamientos hacia Estados Unidos y Rusia, aunque los gobiernos mencionados han rechazado previamente acusaciones de interferencia.
Para Brasil, la definición excede el terreno diplomático. El país es la mayor economía latinoamericana y mantiene vínculos comerciales estratégicos con China, Estados Unidos, Europa y sus socios del Mercosur.
Una elección que puede extenderse hasta el 25 de octubre
Las encuestas de los últimos días muestran dos fotografías diferentes de la carrera.
Lula mantiene ventaja en las mediciones de primera vuelta, mientras que los escenarios que enfrentan exclusivamente al mandatario con Flávio Bolsonaro presentan diferencias pequeñas y, en varios estudios, dentro del margen de error.
Un sondeo AtlasIntel/Bloomberg divulgado el 29 de septiembre registró 47,7% para Flávio Bolsonaro y 47,6% para Lula en una simulación de segunda vuelta, una diferencia de apenas 0,1 puntos porcentuales y comprendida dentro del margen de error de la encuesta.
Datafolha había registrado días antes otro escenario: 47% para Lula y 45% para Bolsonaro, también con una diferencia reducida.
Los estudios, por tanto, no ofrecen una definición anticipada del resultado, pero sí retratan el nivel de competencia con el que Brasil llega a las urnas.
El domingo, además de la Presidencia, estarán en juego los gobiernos estaduales, escaños del Senado y la composición de la Cámara de Diputados y de las legislaturas estaduales y distritales. La votación se desarrollará entre las 08:00 y las 17:00, hora de Brasilia.
El resultado comenzará a definir no solo quién ocupará el Palacio del Planalto durante los próximos cuatro años, sino también con qué Congreso y con qué correlación territorial de fuerzas deberá gobernar.