La IA o Inteligencia Artificial es una herramienta que nos debe servir y no servirse de nosotros, hoy día está en casi todo artilugio conectado a la red internacional, no se trata de robots que ordenen o limpien espacios que habitamos sino alarmas que nos recuerden citas o compromisos que debamos cumplir en algún momento o lugar y hasta páginas en la red de IA que nos den información de una persona, lugar, fecha o características de algo determinado. La IA preocupaba mucho por el reemplazo que podría hacer del ser humano en nuestros empleos, ahora se ha identificado una intimidación de las siglas IA a la educación porque ya hay una crisis de estudiantes haciendo trampa con la IA.
La enseñanza y el aprendizaje están desapareciendo. Hay una crisis silenciosa en las universidades como el uso masivo de IA para hacer tareas. Hábitos que antes no existían porque nuestros padres o abuelos no tenían acceso a la red internacional, redes sociales o “sociales” cómo dice una amiga porque no asean u ordenan las relaciones sociales.
El uso actual de la IA en la educación demanda rediseñar la evaluación académica del estudiante. Por eso las universidades deben cambiar y quizá hasta los colegios y escuelas. Que en algunos casos ya vemos cómo vuelven a la “vieja escuela” de como educar al estudiantado.
Y al no tener claros algunos temas en su mente recurre a la IA para que le enseñe el camino o responda una duda específica, que en algunos casos esas respuestas son copiadas y pegadas en el documento que se debe presentar al maestro. Eso en una clase determinada y no evaluadas, interpretadas y concluidas con la IR o Inteligencia Real que esperamos sean las que desarrollen en las escuelas, colegios y universidades porque es la que va a servir para toda su vida; lo que lleven en su mente y espíritu.
Recuperar viejas fórmulas
Para que piensen y sientan bien en su trabajo, casa, barrio o donde se relacionen con otras personas que también tendrán un artilugio conectado a la red frente a sus rostros trabajando, estudiando o “socializando” a veces no con otra persona sino con la misma IA que puede responder exactamente o mejor que el pariente, colega, amigo o compañero de estudios. Los mismos que van dejando de ser contertulios importantes en encuentros sociales, en la mesa, o reuniones que se tengan previstas hacerlas; “dejá nomás, voy a preguntarle a la IA, que estoy seguro/a me va a responder bien mi duda, tranquilo/a”, y de esta forma ya rompemos el ejercicio natural de dialogar uno con otro y es también un riesgo de la IA para la condición humana hoy día en el planeta.
Esta realidad nos desafía a no solo rediseñar las tareas para evitar el uso negligente de la IA y entender que el aprendizaje es un cambio en la memoria a largo plazo y no una publicación de “140 caracteres” o video corto para entretenerse y no aprender algo determinado. Todo eso representa a su vez una amenaza para enseñar y aprender bien donde sea porque distrae y al hacer esto no logramos el enfoque y concentración en lecciones específicas ya no solo de niños sino de adolescentes, jóvenes.
Hoy hasta adultos que buscan tener ocupados sus ojos y oídos con lo que sea con su “bicho” cómo llama un amigo al smartphone que representa una herramienta importante no solo porque allí tenemos nuestras cuentas bancarias sino lo más importante que es información personal de nuestras vidas, que silenciosamente la hacemos pública en las redes o donde queramos para tener la atención de gente que no conocemos ni sabemos si les interesan nuestras publicaciones. Es tiempo de retornar a antiguas formulas que funcionaron muy bien en otras épocas.
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Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
